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Papá, ¿a qué se dedica un político?

No tengo hijos pero sí está en mis planes tenerlos algún día.

Por Roberto Quijano Luna

No tengo hijos pero sí está en mis planes tenerlos algún día. Muy probablemente, uno de mis vástagos me hará interminables preguntas sobre las distintas profesiones que desempeñamos nosotros los adultos. Les contaré como un abogado trabaja con la ley, un doctor con la salud, un arquitecto con edificios y así sucesivamente. En este orden de ideas, cuando hagan la interrogante correspondiente a los que dedican su vida al arte de la política, cerraré los ojos, respiraré profundamente y le diré que un político es un servidor público que, valga la redundancia, debe servir a la gente. Así de sencillo.

Empero, la gran pregunta es: ¿en verdad podemos decir que nuestra clase política dedica su vida a servir a la gente? Por supuesto, hemos tenido funcionarios de primera que han logrado mejorar la vida de sus gobernados pero, por otro lado, tenemos a políticos como nuestros actuales diputados en el Congreso del Estado de Baja California.

25 legisladores que llegaron a su puesto gracias al voto del pueblo desamparado y que le escupen en la cara una y otra vez con su cinismo, corrupción y profundo desprecio por el servicio público.

¿Brindar mejores condiciones laborales para nuestros policías y bomberos? No es prioridad. ¿Resolver la deuda del centro universitario que educa a nuestros futuros profesionistas? En otro momento. ¿Otorgar el derecho a la mujer para interrumpir un embarazo? Impensable.

¿Seguir endeudando las arcas públicas para financiar estúpidos y caprichosos proyectos del infame gobernador? Claro que sí. ¿Reformar la constitución local en un par de horas para saciar el hambre de poder de un señor que ha ocupado tres cargos públicos en menos de un año? Ahora mismo. ¿Para quiénes trabajan estos señores?.

La respuesta es para ellos mismos. El servicio público no es prioridad. La prioridad es mantenerse en el poder a costa de lo que sea. Para ellos, nuestro orden legal y constitucional es un obstáculo para poder concretar sus más bajos deseos. Por eso tienen las agallas de destruir una reforma constitucional. Ven en el “ingeniero” Bonilla, la oportunidad de preservarse en el poder.

Todo texto constitucional es producto histórico de luchas libradas desde hace siglos. La Constitución de 1917 plasma (relativamente) los anhelos de la Revolución mexicana. El derecho de voto universal plasmado en el artículo 35 es consecuencia de los levantamientos populares en contra del absolutismo monárquico. La prohibición de la reelección del presidente de la República contenida en el artículo 83 es resultado de las constantes reelecciones de Porfirio Díaz.

En este sentido, estos legisladores decidieron frivolizar nuestro texto constitucional para poder quedar bien con el nuevo señor feudal. No sirven a la gente. No sirven a nuestra constitución. Entonces, ¿por qué siguen en la función pública? Porque se los hemos permitido.

Muy probablemente esta gente seguirá en la vida pública en el futuro. Neguémosles el privilegio de tener un puesto público porque ya sabemos que ellos no están para servir al pueblo.

*El autor es abogado y estudiante del programa Atlantis 
en Syracuse University/Hertie School of Governance.

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