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Modificación corporal

Reflexioné sobre la cirugía plástica o estética y la pandemia. Resulta fascinante para un psiquiatra presenciar una ola nunca vista en la humanidad de intervenciones en el cuerpo, asombroso que en la pandemia aumentara muchísimo la demanda de estos procedimientos.

Por Ricardo Menéndez

Reflexioné sobre la cirugía plástica o estética y la pandemia. Resulta fascinante para un psiquiatra presenciar una ola nunca vista en la humanidad de intervenciones en el cuerpo, asombroso que en la pandemia aumentara muchísimo la demanda de estos procedimientos.

Cuestan bastante y hay carencias, e pur si muove. ¿Qué fuerzas impulsan a buscar intervenir la cara o casi cualquier otra parte de la apariencia? ¿Por qué, más, justo ahora? Hay intervenciones de muy bajo riesgo de complicaciones y costo menos alto que habría que preguntarse si entran en la misma categoría de quienes tienen múltiples intervenciones y llegan a transformar más su apariencia que El Chapo.

Nuestra Tijuana es célebre por su oferta, tengo asociado el esperar para cruzar la línea con ver unas chichis o unas pompis, o la cirugeada cara de algún cirujano especializado en un anuncio. Es un gremio que vemos con envidia en la medicina, sus ingresos son altos. Los años han generado especialistas certificados que hacen maravillas quirúrgicas por realizar cientos y miles de veces la misma operación. Lo que me intriga es la diferencia de

demanda en ciudades del país.

Mi especialidad de psiquiatra hace que atienda más a mujeres jóvenes, es la edad en que más debutan los trastornos que atiendo, me asombra verlas transformar su cuerpo a lo largo de los años.

Pensaría que el deterioro propio de la edad fuera el principal demandante para rejuvenecer la apariencia, en realidad hay más jóvenes que modifican su cuerpo. Muchas siguiendo una estética muy cargada de machismo. Una voluptuosidad que pretende agradar la mirada del hombre. Puede convertirse en una cadena de cirugías para modificar otras partes o cirugías previas.

Es un tema delicado entendiendo que cada quien es dueño de su cuerpo, cada quien se puede vestir, peinar, maquillar o perfumar distinto cada día, pero las intervenciones con fines estéticos no tienen reversa. La decisión de qué es bello no es de uno, sin darse cuenta se está atravesado por los gustos del colectivo.

Lo que en una cultura puede parecer aberrante, en otra será un atractivo. El futuro de la cirugía me hace imaginar un final de siglo donde la mayoría tendrá modificaciones mayores a su apariencia natural. Los tatuajes eventualmente disminuirán, también anticipo un futuro con dibujos en la piel inimaginables ahora.

La pandemia activó este apetito de transformación por muy diversos factores, a partir de que en zoom o videollamadas se está viendo uno mismo constantemente en tiempo real, el encierro también nos expone más al espejo, en cuarentena nadie nos ve los moretones de la cirugía y así otros tantos motivos singulares de la pandemia.

Vernos más activa dismorfia corporal, ante el aislamiento del otro resalta la propia e implacable mirada.

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