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Cuando comencé a escribir esta columna mi propósito inicial fue discutir acontecimientos políticos y fomentar la participación ciudadana (especialmente entre jóvenes).

Por Roberto Quijano Luna

Cuando comencé a escribir esta columna mi propósito inicial fue discutir acontecimientos políticos y fomentar la participación ciudadana (especialmente entre jóvenes). Estos últimos meses me he dado cuenta que este espacio sería mejor aprovechado discutiendo los asuntos del futuro más que chismes políticos. Particularmente, ahora aspiro a acercar al lector a las nuevas tecnologías (blockchain, DeFi, NFTs) por su gran relevancia. En unos meses, todos ustedes estarán metidos en el mundo de crypto, encaminados para las finanzas del mañana. En la columna anterior discutía acerca de la compra de Visa de un NFT de una imagen digital por $150,000USD. Para muchos, comprar una imagen digital por ese dinero suena como algo ridículo. Recuerde que muchos grandes inventos (carros, computadores, celulares) comenzaron siendo algo “absurdo” y hoy son herramientas fundamentales. Esencialmente, Visa compró la titularidad de esa imagen y puede ostentarse como su propietario. Otros podrán verla, descargarla e imprimirla, pero su único dueño es Visa. Su propiedad está asentada no en un contrato, ni en el Registro Público, sino en el blockchain de Ethereum. Si alguien decide disputarle la propiedad, pueden irse a revisar el block donde se le adjudica la propiedad. Si después de esta descripción, no alcanza a intuir el potencial de NFTs y blockhain para todo tipo de transacciones, le espera un futuro confuso. Lo bueno es que estas columnas harán todo lo posible porque usted entienda y utilice estas herramientas. Para ejemplificar, lo haré analizando el potencial de NFTs para el arte digital. La pintura más cara fue comprada en 2019 por un petrolero saudita a $450 millones USD, se trató de Salvator Mundi de Da Vinci. Este señor puede ostentarse como su dueño ante el mundo, aunque la obra se esté exhibiendo en el Museo d’Orsay. Cuando un objeto es físico, es más sencillo poder adjudicarle la propiedad a una persona. Cuando se trata de arte/contenido digital, la cosa se vuelve más complicada. Existe hoy un mar de contenido digital que consumimos todos los días; desde memes, videos, canciones hasta imágenes. No obstante, el dueño es su creador, esa persona posee los derechos morales y patrimoniales sobre ese contenido. Suena como algo absurdo, pero los NFTs ofrecen la posibilidad de comprar la propiedad sobre ese contenido. Han creado una especie de escasez digital donde solamente existe una versión de ese activo y un solo propietario. En unos años veremos a artistas vendiendo los NFTs de su arte en una especie de subasta o IPO (oferta pública inicial). Imagino un escenario donde creadores independientes (músicos, pintores) ofrecen su arte como un NFT y la gente subaste su precio. Quien obtenga la titularidad de ese bien, podrá explotar los derechos patrimoniales y el artista se habría llevado un buen retorno de inversión por su obra, siendo siempre reconocido como su autor. Ese bien puede subir o bajar de valor, cada inversor debe de hacer su propio análisis. Por ejemplo, a Michael Jackson le fue muy bien comprando los derechos sobre las canciones de The Beatles. De la misma manera, un NFT puede apreciarse con el tiempo, es un activo digital cotizado en el mercado. Lo más emocionante es ver como más personas van integrándose al mundo de crypto. Vamos a ver como los bancos, gobiernos y muchas profesiones caen en la irrelevancia frente a estas tecnologías.

*- El autor es abogado y estudiante de maestría en administración y políticas públicas.

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