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Columnas El arte de la guerra

Los muertos de Tijuana

“No existe peor sordo que el que no quiere oír, 
ni peor ciego que el que no quiere ver”.

Refrán popular

“No existe peor sordo que el que no quiere oír, 
ni peor ciego que el que no quiere ver”.

Refrán popular

El secretario de seguridad pública federal Alfonso Durazo declaró a Tijuana como foco rojo nacional debido a su alto número de homicidios dolosos.

Alternativamente, en atención a medios, el alcalde de Tijuana prometió una disminución del 30% de homicidios al final del año, sin especificar comparado a que año.

Analicemos la posibilidad de la declaración del alcalde.

Con 127 muertos en lo que va de julio, el mes pinta para romper récord, promediando 6.42 muertos diarios. Estas cifras incluyen 12 asesinatos en un solo día, y 12 asesinatos de mujeres en los últimos siete.

El acumulado de homicidios durante 2020 es de 1,125, promediando 5.6 muertos por día, que proyectado anualmente nos llevaría a 2,048 muertos. Consecuentemente, la tendencia de julio se incrementa comparado a lo que va del año, sin vislumbrarse reducción al respecto.

La cifra mas baja en la última década fue en 2012 con 367 homicidios anuales, mismos que fueron creciendo, catapultándose a partir del 2017, donde se alcanzaron 1,781 muertos, con el número máximo en 2018 con 2,518 asesinados.

En su declaración, el alcalde omite explicar la estrategia para llegar a la disminución prometida. En nuestra opinión, ¿Qué se necesita para reducir drásticamente los homicidios en Tijuana?

Primero, la verdadera voluntad política del alcalde en turno. Es necesario reconocer el problema y establecer estrategias al respecto.

Según diagnóstico de las autoridades, los homicidios son resultado de una guerra de narcomenudeo, donde existe una pugna entre grupos delictivos para establecer puntos de venta.

En nuestra opinión el diagnóstico es correcto, las adicciones son consecuencia del debilitamiento del tejido social, y han crecido sin que ninguna autoridad haga nada al respecto.

La ecuación es relativamente simple, las adicciones generan narcomenudeo, el narcomenudeo la guerra en las calles y los asesinatos.

Reconociendo reducir las adiciones demanda una estrategia a largo plazo y son un problema más de salud pública que de seguridad, la responsable municipal de la misma es el Instituto contra las adicciones (COMCA).

Desafortunadamente, el COMCA apenas tuvo su primera reunión hace una semana, sin la presencia del alcalde ni la participación de todos sus miembros, y sin una estrategia clara en el tema.

Sin estrategia clara para combatir las adicciones la demanda de drogas seguirá creciendo y demandando más recursos en policías, ministerios públicos y jueces, manteniendo a nuestra ciudad en un baño de sangre.

Paralelamente, se necesita una estrategia de acotación y abatimiento a corto plazo en base a mayor presencia policiaca e inteligencia.

Desafortunadamente, comparado al cierre de la administración anterior, el ayuntamiento no ha incrementado el número de policías ni fortalecido las estrategias de reclutamiento.

Existe de igual manera un conflicto muy serio entre el ayuntamiento y los policías de Tijuana, debido a que no se están respetando sus sueldos y beneficios acorde a los lineamientos de la Ley de Seguridad Pública del Estado y del Secretariado Ejecutivo Nacional de Seguridad Pública.

Igualmente, tampoco se ha iniciado el Plan Nacional de Policía y Justicia Cívica delineado por el mismo Secretariado Ejecutivo Nacional.

El alcalde debe de transitar de la declaración a la acción. Tijuana tiene prisa.

*El autor es presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública del Estado.

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