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Columnas Termómetro mental

Loco de contento

Fernando Manuel Alfonso Gómez de Valdés y Castillo, el Loco Valdés, falleció. Con mi edad puedo decir que lo disfruté desde niño, el lobo en Caperucita Roja es inmejorable.

Por Ricardo Menéndez

Fernando Manuel Alfonso Gómez de Valdés y Castillo, el Loco Valdés, falleció. Con mi edad puedo decir que lo disfruté desde niño, el lobo en Caperucita Roja es inmejorable. Lo que más disfrutaba era su creatividad y genialidad que eran totalmente naturales, no adquiridas. Él no actuaba, o casi. Le ganaba su personalidad e improvisaba como pensando en voz alta, eso en psiquiatría se llama hipertimia, alguien siempre contento, hasta en malos momentos. Quien padece hipertimia y no tiene la gracia y agilidad del Loco Valdés será incómodo.

Muchos colegas dirían que tocaba la hipomanía continua, un grado debajo de la manía bipolar. Los testimonios de que era así de tiempo completo abundan, yo tengo dos. En una ocasión el Loco estaba sentado en primera fila como invitado de honor a la inauguración de un amplio cine, creo en 1970, pero no llegaba el gobernador para la ceremonia antes de pasar la película, el público se empezaba a desesperar y el Loco salió espontáneamente a correr alrededor de los largos pasillos de manera que todos pudieran constatar el moco que llevaba en el dedo, iba gritando “señoras y señores, un mocumento”, todos lo celebramos con carcajadas y aplausos y pacientemente esperamos. Me atrevo a compartir un momento íntimo, como estudiante de medicina me encontraba en la unidad coronaria del Hospital Español en el DF en donde estaba internada su mamá, yo tomaba unas notas cuando lo escuché a mi lado, usando el teléfono de la unidad, le transmitía la gravedad del asunto aparentemente a un familiar, ni allí lo vi perder la gracia, lo dijo muy seriamente, pero lo traicionaba la hipertimia.

Así como existe la depresión, existe su opuesto, alguien que tiende a ser demasiado contento, ese que siempre tendrá un chistorete o una risa a la mano. Tuve la suerte de verlo dormirse en la televisión en vivo, sucedió más de una vez. Tenía la genética de lo artista, hermano de Tin Tan y Don Ramón. Tin Tan es probablemente el artista de espectáculo más completo de la historia moderna de México, él no improvisaba, escribía, componía, dirigía. El Loco sobre todo improvisaba, tenía un sinnúmero de clichés fantásticos. Inventó un ser microscópico con el que hablaba e interactuaba, era casi un amigo imaginario, el día que decidió matarlo lloró cuando lo enterró simbólicamente en la tierra con una cruz arriba.

La industria del espectáculo contemporánea ya no tiene lugar para eso, aunque existe la improvisación en algunos géneros, nadie tiene la genialidad y la influencia sobre todo el imaginario del país. Quedará en la memoria de muchos por unos pocos años y será curiosidad del siglo XX cuando las generaciones que gozamos de él hayamos desaparecido. Tan tan.

* El autor es siquiatra y ejerce en Tijuana.

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