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Libertad de expresión en tiempos del COVID-19

La Unión Estadounidense por las Libertad Civiles (ACLU) es una asociación civil dedicada a la promoción y defensa de derechos civiles en Estados Unidos.

Por Roberto Quijano Luna

La Unión Estadounidense por las Libertad Civiles (ACLU) es una asociación civil dedicada a la promoción y defensa de derechos civiles en Estados Unidos. Son conocidos por haber estado en la lucha por los derecho civiles en los 60s y actualmente abogan por causas progresistas como el derecho a interrumpir el embarazo y el matrimonio igualitario. No obstante, uno de sus objetivos centrales es la defensa absoluta de la libertad de expresión.

Tanto tienen, afirma ACLU, derecho para expresarse aquellos que se oponían a las leyes segregacionistas como aquellos que las apoyaban. Es tal su creencia en esta causa que han abogado para que marcharán Nazis en Illinois o removieran a terroristas de listas de más buscados. Libertad de expresión para todos o para nadie. Un ideal romántico.

Indudablemente, la liberta de expresión cimienta nuestras frágiles democracias. Podemos criticar al gobierno en turno, creer en un dios o no creer sin consecuencia alguna. Mínimos que deben ser garantizados siempre. No obstante, que sucede cuando ese mismo derecho amenaza otros como salud o  seguridad nacional. ¿Es correcto permitir a alguien que grite “BOMBA” en un aeropuerto? ¿Es correcto que un conductor de televisión invite al desacato de medidas sanitarias?

La cita de Eco es relevante dado el actual entorno comunicativo. Es mediante redes sociales y medios de comunicación como una parte significativa del público se informa. Allí tienen el mismo alcance alguien como Juanpa Zurita, Donald Trump o Javier Alatorre. De vez en cuando, usuarios comunes logran ser virales. En fin, aquel que tiene acceso a estas plataformas tiene derecho a formar parte de esta legión… conformada por algunos idiotas y otros no tanto.

Graham Bell quedaría asombrado de este logro de la comunicación donde pueden comunicarse instantáneamente de Tijuana hasta Manila.  Por supuesto, la calidad o veracidad del mensaje depende del usuario individual. El receptor es quien interpreta esos mensajes. Aquí está el problema central.

Es tal el volumen de información que provoca ansiedad e incertidumbre en el usuario promedio. Si antes no había suficiente, ahora hay en exceso. Esto se presta para que dentro de esa enormidad encontremos aquellos mensajes que mejor se ajustan a nuestros prejuicios e inquietudes. Si creo que el Covid-19 es un invento, encontraré información que confirme mis obcecaciones.

Soy un desconocedor de temas de salud pública. Por ende, no usaré este espacio para opinar si las medidas oficiales son correctas o no. Quizá en un año salgan reportes que las medidas fueron exageradas, que el virus no era tan letal como se esperaba. En tanto, escucho lo que las autoridades sanitarias indiquen. Cuando menos no salimos en televisión nacional fomentando su desacato. Aunque eso habla más de chantaje político de seres perversos como Salinas Pliego que cualquier otra cosa.

Uno de los temas que más se debatirán al pasar esta crisis será aquel de la libertad de expresión. ¿Cómo defender a alguien como Alatorre, Trump o Fox News? ¿Seguiremos salvaguardando ese ideal románico aunque sea causante de nuestra propia destrucción? Que inicie la conversación.

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