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La economía de la felicidad

Hace más de 200 años, el economista Robert Malthus se hizo una serie de preguntas profundas sobre el objetivo final de la economía y el desarrollo económico.

Por Ariosto Manrique Moreno

Hace más de 200 años, el economista Robert Malthus se hizo una serie de preguntas profundas sobre el objetivo final de la economía y el desarrollo económico; por todos lados se hablaba de “la riqueza de las naciones” (Adam Smith), pero nadie sobre las causas que provocan la felicidad en las naciones.

¿Por qué? Con la pregunta de Malthus, se provocó una serie de reflexiones globales entre académicos y economistas que terminaron por impulsar una nueva corriente de pensamiento sobre cómo debería concebirse a la economía como parte fundamental para lograr la felicidad de las personas.

Pasaron dos siglos y finalmente el economista Richard Easterlin tomó la teoría de Malthus y la puso a prueba investigando. Como resultado de estos trabajos complejos hoy conocemos la famosa “Paradoja de Easterlin” que dice que el crecimiento económico - el aumento de los ingresos y la abundancia de productos - NO provocan un aumento de la felicidad en las personas. ¡Pum! ¡Tómala!

Hoy conocemos a este concepto como la “economía de la felicidad” y no, no es un invento de López Obrador ni su 4T, es el resultado de casi medio siglo de investigación seria y del involucramiento de otras ciencias como la sociología, neurología y psicología.

Dejando a un lado al personaje político y a muchas de sus

ideas que han probado el fracaso varias veces, esta en particular tiene todo el sentido del mundo analizar y considerar, especialmente en un país donde se emprende no precisamente por que el mercado brinde las mejores oportunidades sino por necesidad, porque el país no cuenta con empleos bien remunerados ni alternativas para salir adelante.

Si la felicidad es subjetiva, como lo aseguran numerosos expertos, entonces, ¿cómo se logra ella a través de economía? Aquí es donde se pone interesante el dilema porque cada cabeza es un mundo, pero afortunadamente existe la investigación científica y estudios serios como los de Oxa, Arancibia y Campero, proponen que las variables a considerar son: el nivel de satisfacción que se tiene con la vida, el nivel de ingreso disponible, la riqueza o bienes acumulados, el nivel de educación formal, la importancia asignada a la religión y la exposición a un entorno seguro o inseguro.

Habiendo comentado esto, dejo una pregunta para la reflexión: si los gobiernos son un instrumento fundamental para el desarrollo de una sociedad, entonces ¿cómo impulsar una economía en donde se logre la felicidad de sus ciudadanos?

La respuesta es compleja pero hay que empezar por algún lado y creo que vale la pena explorar el tema de los negocios sociales que, como asegura el Dr. Alejandro Mungaray, podrían ser una alternativa humanitaria al individualismo y finalmente lograr el capitalismo con rostro humano que la gente ha estado esperando desde hace tanto tiempo.

*El autor es Director de Testa Marketing, investigación de mercados

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