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Columnas El arte de la guerra

La clase media aspiracional

“El amor a los pobres, no debe confundirse con el amor a la pobreza” Jorge Zepeda

Por Juan Manuel Hernández Niebla

Tu, yo, y el 47% de los mexicanos somos parte de la clase media del país, ubicados socioeconómicamente entre ricos y pobres, y nos caracterizamos por nuestra capacidad de ejercer nuestros derechos civiles, aspirar al trabajo honesto y consecuentemente al dinero lícito, buscando simultáneamente mejorar generacionalmente a través de educación de calidad para nuestros hijos.

Esta clase media es la base de la economía de todos los países desarrollados, donde a través del desarrollo interno que generamos, decidimos democráticamente sobre economía y política en nuestros respectivos países.

La clase media se ha duplicado durante los últimos 20 años en América Latina, donde millones de personas han salido de la pobreza para insertarse en el sector medio, sin importar ideologías.

Algunos de los beneficios que tenemos son la promoción de la cultura del trabajo y del ahorro, dándonos esto la capacidad de decidir, y consecuentemente somos menos proclives a ser manipulados ideológicamente, exigiendo a los gobiernos servicios de calidad como seguridad, transporte, salud y educación.

Los clase medieros sostenemos al país, donde la mayor parte del desarrollo económico proviene del consumo interno que producimos vendiéndonos entre sí, provocando efectos multiplicadores y creando nuevos mercados, mayor actividad emprendedora, y consecuentemente mayor movilidad social.

Consecuentemente, cualquier país que aspire a mejorar, debe implementar políticas públicas y modelos de gobierno que permitan el crecimiento económico y social de su clase media.

Sin embargo, y tratando de explicar las derrotas que tuvo su partido en algunas zonas de clase media en el país, el presidente Lopez Obrador arremetió contra esta, acusándola de “aspriacionista”, egoísta y con deseo de triunfar a todas costa, haciendo una comparación con la gente que sí votó por su partido, definiendo a esta como “gente del pueblo” que ahora percibe mas dinero del presupuesto (que pagamos lo de la clase media a través de nuestros impuestos), argumentando que estos últimos votaron a favor de su partido porque se dieron cuenta de que otro México si es posible.

El presidente termina acusando a los medios de haber manipulado a esta clase media a través de campañas de desprestigio a su gobierno, olvidándose que el triunfo arrollador que tuvo en 2018 se debió a que una parte muy significativa de esta clase media que votó por él.

En el mismo discurso, el presidente incluye expresiones que mistifican la pobreza, haciendo sentir como un acto de deshonestidad el pertenecer a la clase media, criticándola por poseer títulos universitarios o por aspirar a mejorar su situación y la de su familia.

Paradójicamente, el discurso de campaña y la ideología original del presidente era que la desigualdad social se combatía mejorando la situación de los que menos tienen, donde una sociedad mas igualitaria sería aquella en la que hubiera mas clase media y menos gente en los extremos de opulencia y miseria, por lo que es difícil de entender que ahora critique lo contrario, poniendo como requisito el dejar de tener para convertirnos en mejores personas.

La diferencia entre una ilusión y una aspiración es la educación y el trabajo, donde el deseo de logro tiene que ir acompañado de la búsqueda de la superación personal. En ese sentido, un modelo de buen gobierno apoya a sus gobernados, pero no les resuelve la vida.

*- El autor es Presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública del Estado.

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