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Columnas Ecoanálisis

La Misión de la playa

Hoy en día las Misiones que construyeron frailes jesuitas, franciscanos y dominicos en la esbelta península bajacaliforniana son bien conocidas. Pero todavía a mediados del siglo pasado se creía, y aún lo creen algunos, que ha faltado una por descubrir: la legendaria Misión de Santa Isabel.

Por Alberto Tapia

Hoy en día las Misiones que construyeron frailes jesuitas, franciscanos y dominicos en la esbelta península bajacaliforniana son bien conocidas. Pero todavía a mediados del siglo pasado se creía, y aún lo creen algunos, que ha faltado una por descubrir: la legendaria Misión de Santa Isabel. Una conocida familia ensenadense la buscó y al no encontrarla construyó un hotel con ese nombre. Especuladores opinan que al ser expulsados los jesuitas de Baja California por la Corona Española, éstos concentraron sus tesoros en Santa Isabel y a nadie revelaron el sitio.

Pero este domingo quiero compartir con el ecológico lector una investigación propia: La Misión de la Playa. Bautizada así por don Gorgonio “Pápa” Fernández, quien murió convencido de que en la Bahía de San Luis Gonzaga hubo una Misión. En 1969 que empecé a visitar este lugar mi padre llevaba ya 15 años pescando y explorando sus alrededores, Gorgonio nos llevó varias veces al fondo de la bahía a un edificio de piedra sobrepuesta, sin pegar, ya sin techo y sólo cuatro paredes cuya única puerta daba a la entrada de esta bahía, el pasaje entre Punta e Isla Willard, reportada en el último suplemento Estilos de La Crónica.

“Pápa”, como lo apodaba su amigo John Wayne, el actor hollywoodense, me dijo que él fue el primer humano de la era moderna que se quedó a vivir ahí, en 1949, y que la Misión de la Playa ya estaba ahí. Investigué en aquella ocasión que hay una Misión de San Luis Gonzaga, pero en Baja California Sur. Mi indagación en el INAH no arrojó que hubiese un monumento histórico en el lugar. Fue hasta que conocí las cartas del misionero Wenceslao Linck de 1765, en donde habla de la “Misión de San Luis”, en sus reportes de viaje entre San Luis Gonzaga y Santa María de Los Ángeles, que vi la posibilidad de explicar el misterioso edificio.

Afortunadamente pude platicar con el historiador, doctor don Miguel Mathes, y me confirmó que entre San Luis Gonzaga y Santa María de Los Ángeles Kabujaakaman, hubo entre dos y tres visitaciones, sitios misionales de apoyo que nunca fueron Misiones. En 2000 visité de nuevo el lugar y ya no había ni sus ruinas, en su lugar, estaba un cuartel improvisado de la SEDENA y con las históricas piedras del antiguo edificio los soldados construyeron trincheras y nidos de ametralladora. He caminado por la ancha vereda que lleva a Santa María e imaginado los viajes en mula del Gobernador de Las Californias, José Joaquín Arrillaga, quien en 1796, descansó en el sitio durante su histórico recorrido por nuestro Estado.

Algún día un investigador la recorrerá también con otros ojos, y descubrirá además de las conchas de almejas y caracoles que se iban comiendo en el camino, alguna reliquia olvidada o que cayó al suelo de esta vereda, que queda muy lejos del Camino Real de las Californias, plenamente reconocido ya. Es gratificante pisar la misma tierra 224 años después.

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