Columnas Educación

Insolentes

Por el derecho a la libertad de expresión.

Por Roberto Vázquez

Por el derecho a la libertad de expresión.

Es escandalosa y ridícula la actuación de los diputados de la XXII Legislatura del Estado de Baja California. El menosprecio que tienen de las decisiones del electorado muestra, de la misma manera, que ellos se consideran superiores al poder de los votantes. Esa es la razón en la cual basaron su voto para la modificación del periodo de gobierno de dos a cinco años. Con esto benefician a su supuesto enemigo, que ahora parece ser su más apreciado amigo: El gobernador electo Jaime Bonilla Valdez. Esta circunstancia inaudita, per se, es una contradicción absoluta contra las declaraciones que vertieron cada uno de los diputados, cuando perdieron estrepitosamente las pasadas elecciones. Ahora, para justificar la traición que les hicieron a los bajacalifornianos, alegan que es en beneficio de la ciudadanía.

Los diputados en nuestro país acostumbran a votar en los congresos, según sea la correlación de fuerzas, los compromisos que adquieren con el poder económico, los beneficios a particulares que obtendrán de la ley en cuestión y sus ingresos producidos por el voto depositado. El interés de la población en general es considerado como última opción de decisión. En la votación hecha contra la voluntad de los ciudadanos de la elección federal del 2 de junio pasado, es obvio que el gobernador electo, Bonilla Valdez, organizó y les dio línea a los diputados para la modificación, pero también es factible que les haya pagado por su voto. De otra manera no se explica una votación tan prepotente.  

La verdad, me sorprendió negativamente la actitud de los diputados panistas, porque habían estado adoptando una postura muy agresiva y consecuente, criticando al Gobernador electo y prediciendo la existencia de una oposición fuerte, intransigente y constante, sin embargo, votaron tumultuariamente para beneficiarlo. Doblar la cerviz es, a veces, una opción inteligente, pero cuando quedas expuesto a otras agresiones por tu posición incómoda, mejor piensa en las consecuencias.

  Del que no me sorprendo es del diputadete Benjamín Gómez, con quien han jugado hasta la ignominia sus compañeros de partido, el propio PRI, su padrino y las demás instituciones partidarias del congreso. Primero en mayo de este año, lo obligaron a denunciar que ofrecían hasta un millón de dólares por diputado, para cambiar el término al próximo Gobernador. El diputadete se envolvió en la bandera nacional y se negó a tal infamia. Sin embargo, ahora votó de gratis, dice, para favorecer a Bonilla Valdez, para extenderle el término a cinco años.

Este diputadete no alcanza a dimensionar el impacto que su voto ilegal y contrario a la decisión del electorado, y el del resto de los integrantes de la presente legislatura, le va a causar a nuestra débil democracia. Lo que sí sabe es que su  beneficio económico logrado supera, con mucho, a la escasez de trabajo legislativo que produjo durante tres años.

Por lo pronto Jaime Bonilla Valdez tiene el deber moral de rechazar este acuerdo tramposo de los diputados, si quiere que los bajacalifornianos depositemos nuestra confianza en él. Si no lo hace, nos mostrará su verdadera moral y su disposición a respetar la ley y a los ciudadanos. Vale.     

* El autor es Lic. En Economía con Maestría en Asuntos Internacionales por la UABC.

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