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Historia cíclica

Desde hace siglos, predomina en Occidente la concepción lineal del tiempo.

Por Roberto Quijano Luna

Desde hace siglos, predomina en Occidente la concepción lineal del tiempo. Es decir, el curso de la historia siempre va hacia adelante y puede ser gráficamente representado en una línea recta. Si queremos visualizar cantidades extensas de tiempo como siglos o milenios, basta con trazar una línea recta en un pizarrón y marcar con un punto cada año comenzando con el más antiguo y terminando con el más reciente. El trasfondo es que la historia siempre va (figurativamente para unos) hacia adelante.

Sin embargo, esto no siempre ha sido así. Muchas culturas y escuelas filosóficas por el contrario tienen otras concepciones del tiempo; siendo la cíclica quizá el contendiente principal. De acuerdo a la teoría cíclica, el tiempo no debe de ser gráficamente representado en una línea recta sino en un círculo. La palabra ciclo proviene del griego “kylos” que significa círculo. Es decir, la teoría cíclica concibe que la historia es como un círculo en el que todo lo que inicia debe terminar y todo lo que termina da paso a otro inicio. Roma se erigió, prosperó y cayó. La Italia renacentista se erigió, prosperó y cayó. La Italia contemporánea se erigió, ha prosperado con ciertos periodos de adversidad y, por ende, no ha caído (aún).

Es innegable que la humanidad ha progresado enormemente a lo largo de la historia. Las víctimas de epidemias y guerras del siglo XXI son considerablemente menores a aquellas de siglos anteriores. La tecnología y los avances de la ciencia han logrado llevar el progreso humano a todos los rincones de la tierra. A unos más que otros, claro. Sin embargo, las emociones, miedos, inquietudes, deseos y expectativas del humano siguen siendo los mismos que hace siglos.

En este sentido, por un lado, nuestras condiciones físicas y materiales efectivamente van hacia adelante (no siempre para todos, persiste una insultante desigualdad económica); por el otro, nuestras condiciones mentales y psicológicas son estáticas o incluso cíclicas.

El término gatopardismo se utiliza para indicar cuando se cambia todo para que nada cambie. Dicha palabra es tremendamente aplicable a nuestra política donde predominan los miles de cambios simulados y reformas legales para que parezca que todo cambia cuando en realidad nada cambia.

Desde 1929 al 2000, padecimos un régimen de partido único (PRI) que perduró gracias a sus prácticas autoritarias, antidemocráticas y clientelares endulzadas con una falsa retórica revolucionaria. Al llegar la oposición en el 2000, pasamos de la fase de partido único a la fase “democrática”. Claro, predominaron las mismas prácticas y estructuras, pero con distinta narrativa.

En 2018, el elector mexicano repudió la insensibilidad, corrupción e incompetencia de la clase política emanada de la fase democrática al darle voto absoluto y parejo a un solo partido (Morena). Inicia de nueva cuenta, la era del partido único. En 2019, en Baja California este proceso de reconcentración hegemónica del poder se profundizó al ganar Morena todos los puestos de elección popular. La fase de partido único que creíamos cosa del pasado (lineal) se consolida.

La historia de México no solo es gatopardista, es también cíclica.

*El autor es abogado egresado de la Universidad Panamericana.

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