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Columnas Mar de fondo

¿El gobierno contra los empresarios?

El nuevo gobernador por Morena en Baja California, Jaime Bonilla, lanzó hace unos días expresiones muy duras contra los empresarios del estado o contra un sector de ellos. Les dijo que “chillan como un cerdo atorado en un cerco”, al replicar las protestas y las inconformidades que los empresarios han mostrado ante el alza de impuestos aprobada por el congreso local.

Por Benedicto Ruíz Vargas

El nuevo gobernador por Morena en Baja California, Jaime Bonilla, lanzó hace unos días expresiones muy duras contra los empresarios del estado o contra un sector de ellos. Les dijo que “chillan como un cerdo atorado en un cerco”, al replicar las protestas y las inconformidades que los empresarios han mostrado ante el alza de impuestos aprobada por el congreso local.

En otro contexto social o político lo dicho por el gobernador ya hubiera estallado en una crisis política de grandes dimensiones. Nunca antes se había visto este enfrentamiento entre el gobierno y los empresarios, salvo (guardadas las proporciones) aquellos zipizapes que se vivieron durante el gobierno de Luis Echeverría Álvarez, cuando la tensión alcanzó ciertos niveles.

En el caso de Bonilla, quien ha mostrado ya que carece de tacto y oficio político, su actitud se deriva del enorme “empoderamiento” que ha obtenido Morena al tener la presidencia del país, el control de las dos cámaras, la gubernatura del estado, la mayoría en el congreso local y los cinco ayuntamientos de BC. Pero, además, sin ningún poder que se le contraponga.

No obstante que el periodo de la gubernatura está en la picota hasta que resuelva la SCJN, y que la imagen nacional del bonillismo está totalmente desacreditada, hay una actitud arrogante y soberbia por parte de varios funcionarios de Morena y una actitud de desprecio hacia los grupos que consideran sus enemigos políticos, además de un talante populista y pseudo radical de parte de Bonilla.

El asunto es que, se quiera o no, los empresarios en BC son o han sido un factor determinante en casi todas las actividades locales. Con los gobiernos del PAN, algunos grupos empresariales se metieron hasta la cocina en los asuntos del gobierno, se adueñaron y se hicieron cargo de todo bajo las siglas panistas, especialmente los grupos más cercanos a la Coparmex y otros organismos parecidos.

La mayoría de las visiones, los modelos, las prácticas, las herramientas y las políticas públicas de los gobiernos panistas estatales y municipales surgieron de los sectores empresariales, alcanzando el campo de la educación, la seguridad, los servicios, la infraestructura, la promoción turística de algunas ciudades, pero incluso hasta el ámbito político-electoral y la organización ciudadana, entre muchas otras.

Con la llegada de Morena a los gobiernos (es decir de López Obrador), esta centralidad que tuvieron los empresarios en BC está llegando a su fin o están saliendo de la estructura de los gobiernos, para no ser más la voz cantante o más influyente en las decisiones que se tomaban desde ahí. Aún hay empresarios en puestos clave del gobierno estatal, especialmente en el ámbito de la economía y las empresas, pero terminarán por chocar y contraponerse a Morena (o al revés).

No es que el gobierno morenista de BC esté en contra de los empresarios locales, sino en contra de aquellos más identificados con el PAN o más cercanos como la Coparmex, a los que ven como el sector con mayores posibilidades de competir y ganar en las próximas contiendas electorales, ya sea a través del blanquiazul o mediante otros partidos.

El problema con esta ruptura que se está produciendo entre el empresariado que ha venido gobernando y Morena, es que este partido está llenado los huecos con muchos funcionarios improvisados, la mayoría de ellos priistas, algunos panistas y algunos más que no están en ningún partido. Se observa en las dificultades que están teniendo los gobiernos en todos los niveles para articular y aterrizar sus propuestas.

Es decir, el problema fundamental de Morena en BC (y a nivel nacional) es que no se trata nada más de ganar los gobiernos y poner a “su gente” en las estructuras gubernamentales, como ha sucedido, sino de imprimir una orientación específica, tanto política como gubernamental, que corresponda a un ideario o a un proyecto de cambio. ¿Pero cuál es ese ideario? Más allá de citar a la 4T, la mayoría no lo sabe.

Por eso aquí en BC, los gobiernos de Morena no tienen ningún color, o mejor dicho, oscilan entre el PRI y el PAN, con un discurso político, como el de Bonilla, que intenta parecerse al de AMLO.  Está muy bien que el sector empresarial, o sea el poder económico, no sea un factor determinante en los gobiernos locales y que Morena construya una nueva burocracia, pero, ¿con quién? ¿Con el viejo PRI o con los tránsfugas del panismo?

Pero, además, con Morena sigue latente la misma contradicción de antes: ¿ahora seguirán gobernando los mismos empresarios (como Bonilla) pero de otros partidos que forman Morena? ¿Estos sí son representantes del pueblo? El pueblo, el pueblo verdadero, no se ve realmente todavía por ningún lado en los gobiernos de Morena.

El autor es analista político

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