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Columnas Mar de fondo

El choque Gobierno-empresarios

Un temor que se albergó durante mucho tiempo en las diversas campañas electorales de Andrés Manuel López Obrador, fue su choque constante con algunos sectores empresariales, en particular con aquellos a los que ha identificado como los grupos “conservadores” o empresarios neoliberales.

Por Benedicto Ruíz Vargas

Un temor que se albergó durante mucho tiempo en las diversas campañas electorales de Andrés Manuel López Obrador, fue su choque constante con algunos sectores empresariales, en particular con aquellos a los que ha identificado como los grupos “conservadores” o empresarios neoliberales.

Al inicio de su gobierno reapareció este fantasma con la discusión sobre el aeropuerto de Texcoco en la Ciudad de México. Para muchos fue un mal inicio y un mal augurio de lo que podría ser la gestión de la presidencia de AMLO, pero la preocupación no llegó más lejos.

Ha sido la pandemia del coronavirus y las consecuencias de carácter económico que tendrá para todo el mundo, pero en especial para países como el nuestro, lo que ha reabierto el conflicto o el enfrentamiento entre el presidente López Obrador y una parte de los empresarios mexicanos.

Ante el reclamo o la exigencia de éstos últimos para que el gobierno diseñe una estrategia para impedir que varias empresas y negocios se vayan a la quiebra, como lo establecen ya varios diagnósticos de organismos especializados, el presidente ha respondido que sólo mantendrá sus programas de ayuda a los más pobres, así como sus proyectos más importantes.

Es difícil de creer que un presidente como AMLO que ha hecho de los empresarios su peor adversario, no ahora sino desde hace años, quiera hacer algo por salvarlos de la debacle económica que se avecina, incluso a costa de que el país en su conjunto se vaya a pique y, con ello, aumente la pobreza y la desigualdad social.

Los empresarios no encajan en el proyecto y la visión de López Obrador, en especial aquellos organizados en algunas cámaras, pero también más ligados a partidos como el PAN y a otros del mismo corte, a los que AMLO identifica como los representantes del neoliberalismo en México y como los que más hicieron campaña en contra suya e impidieron que en dos ocasiones ganara la presidencia.

Para combatirlos de manera sistemática, AMLO adoptó el término de “conservadores” (lo que le da un toque de una lucha legendaria), pero en realidad se está refiriendo al PAN, a los grupos empresariales ligados a ese partido y a los presidentes del PRI como Salinas de Gortari y Zedillo que contribuyeron a implantar el neoliberalismo en nuestro país.

Esos son los fantasmas contra los que lucha López Obrador, por lo que se ve difícil que, como lo proponen varias voces, el gobierno haga un “pacto” con los sectores empresariales y con otros para poder enfrentar la crisis y las consecuencias sociales que se ven devastadoras.

El problema que el presidente no advierte, o advierte mal, es que en el contexto de una crisis económica, social y política como la que se espera para los próximos meses, también tendrá repercusiones en el gobierno, en su partido Morena y, obviamente, en las posibilidades de conservar el poder en las siguientes elecciones.

Cierto, Morena y sus gobiernos están creando a través de sus programas sociales una amplia red de clientelas electorales que pueden impedir una caída drástica del partido gobernante, pero no serán suficientes para evitar varias derrotas en la elección intermedia de 2021 y en las siguientes.

La narrativa de AMLO sobre los “conservadores” le da cohesión a los morenistas y a un amplio y nutrido imaginario popular que se alimenta de mitos y fetiches, pero se ve insuficiente para contrarrestar los efectos políticos que puede provocar una crisis y una recesión como nunca la hemos visto a nivel mundial y nacional.

El gobierno federal y López Obrador en particular saben que una crisis de esta magnitud, que no se enfrenta correctamente o que encuentra al país en mal estado, con un sistema de salud precario, sin recursos y con una economía frágil y postrada por años, puede significar también una derrota política para el gobierno.

En suma, en lugar de dedicarse a impedir que esta crisis sea “aprovechada” por los “conservadores” para derrocarlo (como dice él), porque eso es en realidad lo que está haciendo, AMLO y su gobierno deberían dedicar todo su esfuerzo para afrontarla, cambiando la perspectiva y su interpretación de la realidad.

Pero no se ve que así lo esté haciendo. Por el contrario, el gobierno federal ha ido de una actitud que desdeñó o minimizó el alcance de la pandemia y sus repercusiones económicas, a negar u ocultar las enormes carencias que hay en los hospitales del gobierno. Una actitud errónea a todas luces. La factura política por ello puede ser muy alta.

* El autor es analista político

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