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Columnas Sueños de plata

El acusado y el espía/ Dir. Roman Polanski

A sus 86 años el eternamente perseguido cineasta polaco regresa a las pantallas con un proyecto que estuvo gestando durante casi una década.

Por Manuel Ríos Sarabia

A sus 86 años el eternamente perseguido cineasta polaco regresa a las pantallas con un proyecto que estuvo gestando durante casi una década. En el inter, Robert Harris convirtió su guión en una novela que finalmente fue la base sobre la que se construyó la cinta.

El tema es de nueva cuenta, como en la mayor parte de la filmografía de Polanski, la persecución. Y en esta ocasión podría señalar paralelismos con la situación actual del director, que sigue siendo acusado de sucesos que ocurrieron hace más de cuarenta años, a pesar de que la presunta víctima lo ha exculpado completamente.

La historia está basada en el famoso escándalo real, en que Alfred Dreyfus (Louis Garrel), un capitán judío del ejército francés, de impecable reputación, fue acusado de vender secretos militares a los alemanes en 1895. Dreyfus fue condenado en un juicio injusto (por ser judío) donde se le negó el derecho a examinar la evidencia en su contra y fue sentenciado al exilio en la Isla del Diablo, en Sudamérica. Durante un momento revelador del juicio, Dreyfus expone que su culpabilidad, basada en una carta supuestamente escrita por él, se reduce a lo siguiente: “Soy culpable porque es mi letra y soy culpable porque no es mi letra”. 

A diferencia de la mayoría de cintas de Polanski (Repulsión, El bebé de Rosemary, El Inquilino, El Pianista, El Escritor Fantasma) esta historia no es contada desde el punto de vista del perseguido. Dreyfus es solamente una figura humillada y relegada al exilio, prácticamente excluida de la narración hasta la parte final.

El foco se centra en el teniente coronel Piquart (Jean Dujardin), elegido como sucesor de su superior (destrozado por la sífilis), al puesto de jefe de la oficina de inteligencia militar. Un departamento que está completamente carcomido por la corrupción, manejado por hombres sin escrúpulos y alineados con el reinante antisemitismo de la época.

Piquart inicia una investigación sobre el mayor Esterhazy, un presunto espía estacionado en Rouen, y cuando detecta que la letra de éste es idéntica a la letra de la supuesta carta incriminatoria de Dreyfus, todo cambia ante sus ojos. A pesar de ser partícipe del mismo sentimiento visceralmente virulento en la sociedad francesa, contra los judíos, Piquart no está dispuesto a permitir que un hombre inocente permanezca en prisión.

Es en este momento que la balanza comienza a inclinarse del lado de la justicia, y cuando Emile Zola entra en escena, escribiendo la famosa carta que le da su título original a la cinta, “Yo acuso”.

La carta abierta de Zola, dirigida al presidente de la república francesa, fue publicada en el periódico “L’aurore” el 13 de enero de 1898. En ella se acusaba al gobierno por encubrir la errónea condena de Dreyfus. La lectura de la carta es un punto central en la cinta, en que casi a manera de farsa, cada uno de los implicados acusados, lee las líneas correspondientes en que se hace mención de sus crímenes en el asunto Dreyfus (como se conoció el escándalo en Francia).

La carta, que llevó el caso al espacio público, también generó un cargo en contra de Zola, quien fue enjuiciado y sentenciado a un año de prisión.

El retrato creado por Polanski del caso, como lo demuestran tanto el león de plata recibido en Venecia y el César otorgado a mejor dirección, es manejado con la acostumbrada precisión y maestría de siempre. Aunque en esta ocasión se percibe un nivel especial de contención y, aunque por la temática auto alusiva se podría pensar en lo contrario, un punto de vista particularmente objetivo y justo de los hechos históricos, evidenciado en las decisiones de dirección.

La fotografía de Pawel Edelman, apoyada por un magnifico diseño de producción, simultáneamente recrea obras pictóricas icónicas, representativas de la época, mientras que en otros instantes transmite el ambiente de descomposición social en que el asunto habría germinado.

El mensaje de Polanski sigue siendo el mismo eterno llamado de alerta. Todos los terrores a los que él ha sido expuesto, desde la segunda guerra mundial (de la cual es sobreviviente) hasta la fecha, han existido desde siempre.

Sin embargo, la lucha continúa. 

* El autor es editor y escritor en Sadhaka Studio

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