No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas Sueños de plata

El Parque de Diversiones(The Amusement Park)Dir. George A. Romero

El pasado 16 de julio fue el cuarto aniversario luctuoso del maestro del terror George A. Romero, creador del concepto de los muertos vivientes, tal y como son universalmente conocidos hoy en día

Por Manuel Ríos Sarabia

El pasado 16 de julio fue el cuarto aniversario luctuoso del maestro del terror George A. Romero, creador del concepto de los muertos vivientes, tal y como son universalmente conocidos hoy en día. Como es costumbre, en su memoria, me sumergí en un mini maratón de algunas de sus cintas representativas, las cuales no había revisitado tan a menudo, como lo hago con su saga de muertos vivientes. El director, hasta poco antes de su muerte en 2017, bromeaba “Soy como mis zombies. No permaneceré muerto.” Ahora, su conocida frase, a cuatro años de su defunción, se ha revelado como una perfecta profecía auto cumplida, si alguna vez existió alguna. Todas las obras de Romero, desde su trascendental La noche de los muertos vivientes (1968), manejaron un alto contenido de crítica social, directa e incisiva, específicamente al gobierno y la sociedad estadounidense. En los setenta, tras la debacle de haber perdido los derechos de su gran obra, por no haberla registrado ante derechos de autor después de haber cambiado su título, Romero se dedicó a producir proyectos comerciales e institucionales. Así, en 1973, ante su fama local en Pittsburgh, la organización Servicios Luteranos, de esa ciudad, lo contactó para que filmara un proyecto sobre la discriminación social hacia las personas de la tercera edad. Siempre dispuesto a trabajar, Romero aceptó el proyecto y lo hizo suyo, imprimiendo su particular sello. El resultado horrorizó inmensamente a los luteranos y se negaron a distribuirlo. Y ahí terminó la historia. Hasta que ahora, casi medio siglo después, en 2018, la cinta fue rescatada y restaurada para, finalmente, ser distribuida y exhibida públicamente este año. Y en la mejor tradición Romeriana, en el 2021, el maestro regresa de la tumba con la que bien podría ser su película más aterradora. La cinta abre con una introducción a cargo de Lincoln Maazel (quien posteriormente aparecería en Martin de Romero en 1978), muy al estilo de reportaje de 60 Minutos. Maazel, caminando en un parque de diversiones vacío, explica la forma en que a medida que se va envejeciendo, las oportunidades y los servicios disponibles se van reduciendo constantemente, hasta llegar al punto en que las personas mayores ya no forman parte de la sociedad. Ya no hay espacio para ellos. Instantes después vemos a Maazel caracterizado con un impecable traje blanco en lo que parece ser una sala de espera, donde se encuentra otro anciano, herido y agotado. Maazel, invita al anciano a salir, este le responde abatido “allá afuera no hay nada para mí”. Maazel alegremente sale de la sala y entra al parque de diversiones, donde empieza por subirse a los distintos juegos mecánicos. Los letreros del parque parecen indicaciones de seguros e instrucciones médicas. Uno de los paseos en un inofensivo tren, termina en desgracia, con la inesperada muerte de uno de los pasajeros. Todos los puestos de golosinas y comida estafan de sus recursos a los visitantes mayores, cobrándoles y exigiendo demás por el simple hecho de ser personas de edad avanzada. En un restaurante, Maazel recibe una mesa apartada y una comida que deja mucho que desear, mientras que otros comensales son tratados como reyes. Maazel se percata de otras personas que no tienen para comer y comparte su comida, pero esto pronto se convierte en otra forma de abusar de su generosidad. En los carros chocones, ante el primer “accidente”, un policía detiene a los “culpables”, una pareja mayor, y comienza a acusarlos por manejar a su edad y obviamente necesitar lentes. Posteriormente, en un espectáculo de fenómenos, se exhiben a ancianos como algo asombroso y repugnante. Pronto, la situación se torna de mal en peor, el parque parece vaciarse y Maazel es asaltado y golpeado por una pandilla de salvajes delincuentes. Cada incidente por el que pasa nuestro protagonista exhibe un microcosmos que recrea las condiciones sociales imperantes y un funesto destino durante la ancianidad. Romero no se detiene ante nada, mostrando el peor escenario y las terribles consecuencias que pueden tener el no planear cuidadosamente nuestro futuro y cuidar las personas de las que nos rodeamos. Todos los ancianos, son abusados, estafados, despojados de bienes y propiedades. La pesadilla es una advertencia, como una muy retorcida versión de Cuento de Navidad, sobre lo que puede acarrear el futuro. Por esto, la visión de Romero resulta desgarradora, no sólo al hacernos pensar en nuestros seres queridos y sus cuidados, sino cuando nos presenta un espejo del posible futuro de no prepararnos debidamente ante lo que pueda traer el tiempo. Por más jóvenes que nos sintamos o veamos, todos caminos sobre la misma línea, deambulando un parque de diversiones que poco a poco se hace menos divertido, hasta que, repentinamente, se convierte en una zona hostil y aterradora.

Comentarios