Tendencias
Cintilla de tendencias

Covid-19

Homicidios Tijuana

Reapertura fronteriza

Clima Tijuana

Vacunación contra Covid-19

No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo


Sueños de plata

El Contador de Cartas Dir. Paul Schrader

Cuarenta y cinco años después de Taxi Driver, Paul Schrader, a sus setenta y cinco años, regresa con la historia de otro anti héroe moldeado en Travis Bickle.

Por Manuel Ríos Sarabia

Cuarenta y cinco años después de Taxi Driver, Paul Schrader, a sus setenta y cinco años, regresa con la historia de otro anti héroe moldeado en Travis Bickle. Y es que a lo largo de su filmografía, Schrader ha utilizado al mismo tipo de personaje, en distintas, aunque muy similares situaciones, para expresar las mismas preocupaciones filosóficas, creando una obra cinematográfica de un absoluto estilo trascendental sumergida en la obscuridad que habita en los hombres. William Tell (Oscar Isaac) es un veterano (ex torturador) de Abu Ghraib atormentado por el remordimiento, aún después de haber pagado su condena de varios años en la cárcel militar. Durante su confinamiento aprendió, de manera autodidacta, a contar cartas. A su salida, pasa sus días deambulando las mesas de póker de los casinos, jugando de manera discreta, apostando montos bajos, para no llamar la atención. Una vida monótona, de muerto en vida, un purgatorio auto impuesto, no muy distinto al del veterano de Vietnam, Travis Bickle, recorriendo las calles de Nueva York en su taxi/ataud. Como Bickle, y como el sacerdote Ernst Toller (First Reformed/La Iglesia de la Salvación 2017), Tell es también una muy particular versión del asceta, que como los otros dos, mantiene un diario y narra sus pensamientos mientras la acción se desenvuelve en la pantalla. En uno de los tantos casinos, durante una conferencia, en una convención de sistemas de seguridad, Tell es abordado por el joven Cirk (Tye Sheridan), quien le ofrece conversar acerca del ponente de la plática, el comandante Gordo (Willem Dafoe), y del vínculo que existe entre los tres. Como Tell, el padre de Cirk también estuvo en Abu Ghraib bajo el entrenamiento y ordenes de Gordo, y como consecuencia también pasó varios años en la cárcel militar. A su salida, y regreso a casa, su padre ya no era la misma persona, violentando constantemente a su madre, hasta que, a su inevitable huida, el único receptor de la furia post traumática de su padre fue el propio Cirk. Esto motivó a Cirk a buscar venganza contra Gordo y con el conocimiento de que Tell también tenía razones para vengarse de su ex comandante, le pide ayuda en su cruzada. Aquí las similitudes entre los personajes de Schrader se incrementan, como Bickle y Toller, Tell también se encuentra con un joven a quien habrá que guiar/rescatar, indicándole una posible salida hacia la luz y proveyéndole de los medios para que la alcance. Así, Tell toma a Cirk como su protegido en su misión personal de redención. La realidad es que, al igual que los otros “héroes” de Schrader, que viven con un profundo e inescapable sentimiento de culpa ante los actos que han sufrido/cometido, Tell realmente intenta salvarse a sí mismo a través de Cirk, extrapolando sus experiencias, las cuales ya no tienen forma de ser revertidas, pero que posiblemente… podría expiar con la salvación de un inocente. Durante su recorrido por los casinos, Tell también se encuentra con La Linda (Tiffany Hadish), corredora de un establo de jugadores, quien lo invita a formar parte de su operación, y muestra un interés más que puramente profesional por Tell. Sin embargo, éste aún está entumecido por sus experiencias e incapacitado para poder establecer relaciones íntimas. Estéticamente, la cinta no es una de las mejores de Schrader, y quizá esto se deba en parte al hecho de que se desarrolla en casinos, lugares no precisamente conocidos por su belleza, sino por su mal gusto y decoración sistematizada, puramente creada como escenografía para mantener a los adictos en sus sitios, inmóviles y apostando. El estilo de Schrader en esta ocasión es más práctico, enfocado en una narrativa clara y simple. Afectado en parte por las restricciones de la pandemia (que detuvo por un par de meses la producción), lo cual es evidente en varias escenas carentes de extras, que resultan extrañamente vacías. Sin embargo, incluso esto, le brinda a la cinta una vaga sensación de desarrollarse en ese purgatorio mental en el que Tell habita, donde La Linda y Cirk son personajes incidentales que finalmente no pueden cambar el destino predeterminado de Tell, al cual se aproxima con calculada seguridad, a pesar de aparentemente buscar la salida opuesta. En su conclusión, Schrader una vez más logra engañar al espectador, presentando, después de la pesadilla, una posible visión romántica y redentora, que quizá sólo está en la interpretación que cada uno le quiera dar, y que lleva a Tell al único sitio donde podría seguir buscando la paz que tanto lo elude. “Existe un peso que un hombre puede acumular. El peso creado por sus acciones pasadas. Es el peso que nunca podrá quitarse de encima.” El autor es editor y escritor en Sadhaka Studio

Comentarios