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Columnas Sueños de plata

Contagio / El Hoyo. Dir. Steven Soderbergh / Galder Gaztelu-Urrutia

A más de una semana de iniciada la cuarentena voluntaria en México por el SARS CoV-2 (coronavirus), las cifras mundiales son de 334,546 casos, con 14,600 muertes y 97,574 recuperaciones.

Por Manuel Ríos Sarabia

A más de una semana de iniciada la cuarentena voluntaria en México por el SARS CoV-2 (coronavirus), las cifras mundiales son de 334,546 casos, con 14,600 muertes y 97,574 recuperaciones. Lo verdaderamente alarmante en nuestro país (y Tijuana en específico) es que, a pesar de ver la situación global y el cierre de la frontera del pasado viernes, la vida parece continuar como si nada estuviese sucediendo y esto puede provocar un contagio comunitario severo (ya con casos locales registrados).

Tenemos el privilegio de poder ver el futuro (a través de los países más afectados) y debemos tomar esa oportunidad para evitar lo peor.

Si la información de noticias y redes sociales no es suficiente, podemos recurrir a un método didáctico de advertencia, en forma de “entretenimiento”. En el 2011 se estrenó la cinta Contagio de Steven Soderbergh, presentando una pandemia global mortal. La paciente cero (Gwyneth Paltrow) se infectó durante un viaje a Hong Kong y de ahí se esparció el virus exponencialmente.

Por lo que sucede en la narrativa, tal pareciera que el guionista, Scott Z. Burns, anticipó con gran certeza lo que se está viviendo en estos momentos a nivel mundial. Incluso, durante una secuencia aparece el doctor Sanjay Gupta, como él mismo, hablando sobre medidas preventivas. Nueve años después, lo está haciendo de verdad en CNN: distanciamiento social, lavado de manos exhaustivo.

Burns se asesoró con científicos expertos en el tema y por ello sus datos exponen un claro paralelo con la situación actual. Pero sin duda, lo más sorprendente es el origen del virus, un murciélago infectando la cadena alimenticia a través de un cerdo. Tanto la cinta, como el posible origen del Covid, advierten claramente que definitivamente es buen momento para dejar de comer todo tipo de alimento de origen animal.

En cuanto a las cifras y la propagación exponencial del contagio, en la ficción, a los 14 días ya había 8 millones de casos, en la realidad estamos corriendo con suerte aún. Soderbergh y Burns nos dieron un manual de instrucciones y en el caso de nuestro país, aún tenemos el tiempo de nuestro lado y la oportunidad de prevenir. Si no lo hace el gobierno hagámoslo nosotros mismos.

Y para continuar con el tema, y las recomendaciones de Netflix (por el distanciamiento social), otra película muy relevante a lo que se está viviendo es El Hoyo. El primer largometraje del director vasco Galder Gaztelu-Urrutia se desarrolla en una especie de prisión distópica que recuerda también al infierno del Dante, el Centro Vertical de Autogestión. Los prisioneros, que llegan por voluntad propia, son alojados en parejas, en celdas verticales con un hueco al centro, por donde diariamente baja una plataforma con las sobras de comida de niveles superiores, para que se alimenten. El nivel más alto recibe comida recién preparada, los niveles inferiores sólo desechos.

La alegoría clara de Urrutia es sobre la forma en que reacciona el ser humano ante situaciones límite, recurriendo, ya sea, a la compasión, la solidaridad y la lógica o al egoísmo y la bestialidad.

Desafortunadamente la consciencia humana está condicionada (por instinto animal y capitalismo) al “comer o ser comido”, como lo podemos ver los últimos días en los estantes vacíos de cualquier supermercado.

Cuando inician a compartir celda, Imoguiri (Antonia San Juan) le explica a Goreng (Ivan Massagué) algo muy sencillo, “si todo mundo comiera sólo lo que necesita, la comida llegaría al nivel más bajo”.

Esperando que florezca la solidaridad espontánea, todos los días Imoguiri, intenta convencer de manera amable, a los del nivel inferior que racionen y dejen comida para los demás, sin resultado. Sólo ante la amenaza de Goreng de cagarse en la comida, las cosas cambian.

Cuando Goreng cambia de compañero de celda, Baharat (Emilio Buale) le dice sabiamente que “habrá que convencer antes que vencer, si no funciona palo, pero primero diálogo”.

La administración (de la prisión) no tiene consciencia, pero los individuos sí. Algo así como nuestro gobierno, que a estas alturas no ha hecho nada al respecto. Repito, hagámoslo nosotros. Cuando salgamos a comprar lo básico, si sólo queda un artículo en el estante, dejémoslo para el siguiente que quizá lo necesite más que nosotros. Si siempre queda un único artículo, será un mensaje.

“El grande que fuera vicioso, será vicioso grande, y el rico liberal será un avaro mendigo. Que al poseedor de las riquezas no le hace dichoso el tenerlas, sino el gastarles, y no el gastarles como quiera, sino el saberlas bien gastar”.

- Miguel de Cervantes

*El autor es editor y escritor en Sadhaka Studio

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