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Columnas Águilas y serpientes

Chuchas cuereras

En nuestro país, ser “chucha cuerera” es sinónimo de ser astuto (que no tanto inteligente), mañoso y con ardides.

Por Rafael Liceaga

En nuestro país, ser “chucha cuerera” es sinónimo de ser astuto (que no tanto inteligente), mañoso y con ardides. Es una expresión que se aplica desde tiempos remotos y se refiere a los canes, a los que se les llamaba haciendo un ruido que se oía como “chuch”. Y entonces, las perras pasaron a ser “chuchas”. Y estas chuchas, con tal de conseguir la comida para sus cachorros, tomaban de las calles hasta los pedazos de cuero. De ahí pasó al argot, para decir que una persona hábil y ambiciosa por conseguir algo a como dé lugar, se le diga “chucha cuerera”.

Y, pues bien, en estas fechas comienzan a aparecer las listas de las personas que se atreverán a presentársenos como candidatos a los diferentes puestos de elección que estarán disponibles en la jornada electoral de junio. Para lo cual, los ciudadanos tenemos que ver si esa gente es la capaz o no, y votar en consecuencia. Desde luego que todos se nos presentarán como “chuchas cuereras”, pero tendremos que ir viendo el pedigrí de cada cual, y si vienen bien alimentados cultural y socialmente, o solo nutridos de los puros pellejos de cuero de las calles.

Para calificar a todos esos chuchos y chuchas, tenemos que saber cuáles son los valores principales que deben de tener; para honrarlos con nuestro voto para que nos representen, o despreciarlos con nuestro desdén. En nuestras manos y consciencia estará esa elección.

Lo primero que tenemos que calar es su capacidad profesional. Cada persona cuenta con una preparación académica, actualizaciones, experiencia profesional, habilidades y destrezas, para prestar los servicios que ofrece y para reconocer sus alcances, limitaciones y áreas de competencia. Muchos nos engañaran, pero de nuevo, en nosotros estará desenmascararlos.

Otra característica es su capacidad para competir. El mantenimiento de altos niveles de competencia es una responsabilidad de todos los funcionarios. Cada cual debe reconocer los linderos de su competencia y sus limitaciones. Sólo deberían de proporcionar los servicios para los cuales están capacitados.

Otro valor es la honestidad, que se entiende como la capacidad para desempeñar y/o de dar a conocer con veracidad su trabajo y resultados. Ser objetivos y claros en las metas pretendidas; sin anteponer intereses personales, ni ideológicos ni políticos, en su quehacer, y tomando en cuenta las normas establecidas para el servicio público. Debemos los votantes, evitar que gente engañe o incurra en algún fraude o coerción. La justicia es la promoción de la equidad que permite que cada ciudadano obtenga lo que le corresponde.

Otra virtud es el ser respetuoso. Entendiendo el respeto como la capacidad de reconocer, comprender y tolerar las diferencias individuales, sociales y culturales, evitando imponer las propias.

Y otra de las principales, es la responsabilidad. Que es el asumir los compromisos adquiridos con la sociedad en general, así como el reconocer las consecuencias de sus actos; dando lo mejor de ellos mismos para cumplir con las tareas encomendadas.

*El autor es consultor en participación ciudadana, desarrollo social y cultura de la legalidad.

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