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Columnas Palabra por palabra

¡Carajo!

Ahora resulta que lo que antes era un improperio, hoy es un manifiesto en contra de un inaceptable y supuesto conservadurismo.

Por Miguel Ángel Lino

Ahora resulta que lo que antes era un improperio, hoy es un manifiesto en contra de un inaceptable y supuesto conservadurismo.

Pero, la verdad cae por su propio peso o columna con excesiva sobrecarga: Andrés Manuel López Obrador se vuelve a tropezar con la piedra de su propia la intolerancia.

Yo francamente no entiendo cómo alguien que tiene tanto poder puede ser capaz de ser reiteradamente incapaz. La tragedia de El Metro era una magnífica oportunidad para mostrar sensibilidad, empatía, liderazgo, don de mando. Pero no. ¡Al carajo! “Ya no voy a ir a tomarme la foto, porque esa es una hipocresía del conservadurismo”.

¡Ande usted! Ahora resulta que ser solidario con las víctimas y consciente del desastre es una conducta farisea no acorde con “un presidente demócrata, liberal y republicano” ¡A otro perro con ese hueso!

AMLO, en forma por demás prepotente trato de zafarse de la más mínima responsabilidad y de que le cargaran los muertos, heridos y desaparecidos a él o a cualquier administraciones de estirpe morenistas.

Ya corrieron muchos bytes (antes hubiera escrito tinta) acerca de actos de corrupción, de la inaudita decisión de levantar un puente en donde debería de haber habido un túnel, de magnates y mega constructoras metidas en el ajo. Eso y más. Pero qué me dice usted de la negligente supervisión de una endeble obra pública que se venía desmoronando desde hace tiempo.

¿Responsables? ¡Sobran! Lo que hace falta es cabalidad y determinación para deslindar conductas, hechos y cohechos. Pero, por lo que se ve, eso también se va a ir al carajo.

LA PALABRA DE HOY: CARAJO

Si usted  es de oídos (y ojos) castos y puros, sáltese esta parte de mi columna porque le puede resultar ofensiva. ¿Ya? Pues le sigo…

Pocos saben que carajo significa miembro viril o -en una palabra- falo y más en confianza: palo o pene.

Una hipótesis / lingüística le atribuye el nombre de carajo al canasto que servía como puesto para el vigía en lo alto del mástil (con evidente asociación fálica) de una embarcación.

La posición que era un suplicio por el viento, el frío, la lluvia y, con un bandazo, hasta de una caída fatal. Por todo ello, “nadie quería que lo enviaran al carajo”.

DE MI LIBRERO: DICCIONARIO SECRETO

El célebre novelista y académico de la lengua, Camilo José Cela, en su obra inconclusa -pero que abarca tres tomos- Diccionario Secreto de palabras malsonantes le dedicó 60 páginas a la palabra pene en donde se establece la relación con el término carajo.

Cela no pasará a la historia por su Diccionario Secreto; sino por sus novelas y destacados premios: El Príncipe de Asturias de las Letras en 1987; el Nobel de Literatura en 1989 y el Premio Cervantes en 1995. Y, aun así, “no mando al carajo a su peculiar Diccionario”.

Para el escritor gallego, carajo era un eufemismo o “ñoñismo”, como él les llamaba, Partiendo de ca / car / car(a) como caramba o caray; sin dejar de mencionar lo que yo la expuse: El carajo era el canasto del vigía en los barcos de velas. Sitio peligroso porque en un santiamén, el vigía se podía ir al carajo.

*- El autor es profesor de Redacción Creativa en Cetys Universidad.

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