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Cámara de resonancia

Conformada en su mayoría por personajes sin una ideología firme, sobre todo por quienes se han asumido como líderes, el Congreso del Estado de Baja California ha dejado de lado su principal responsabilidad para servir, sin reserva y sin recato, a las directrices que se le envían desde el Poder Ejecutivo.

Por Fernando Ruiz del Castillo

Conformada en su mayoría por personajes sin una ideología firme, sobre todo por quienes se han asumido como líderes, el Congreso del Estado de Baja California ha dejado de lado su principal responsabilidad para servir, sin reserva y sin recato, a las directrices que se le envían desde el Poder Ejecutivo.

La esperanza de que la Cámara de Diputados local actuara, como lo establecen sus principales funciones, como un contrapeso y sirviera de equilibrio a las decisiones e imposiciones que a veces en forma absurda se toman desde el Ejecutivo, se ha evaporado rápidamente.

No es necesario personalizar. Se les identifica y se les reconoce en sus acciones, ambiciones y sus omisiones. Muchos de ellos pronto, seguramente, también por sus posesiones.

Hay que aclarar que no es la primera, ni la única y ciertamente, tampoco podemos asegurar que sea la última Cámara local que presente estas características. Lo diferente es que a los bajacalifornianos nos la vendieron como que sería distinta, muy distinta, a las anteriores.

Que éstos, en su mayoría representando al partido en el poder y sus aliados, vigilarían celosamente el ejercicio propio y el de los otros dos poderes que conforman la gobernabilidad en el Estado. Que de ninguna manera aceptarían imposiciones y que serían un cuerpo colegiado escrupuloso para el manejo de los dineros.

Que ellos, como funcionarios electos por el pueblo bueno y noble, conocían de sus problemas y de sus demandas y que, en consecuencia, elaborarían las leyes y reglamentos que respondieran a la atención de esas exigencias, muchas de ellas reiteradas y archivadas por legislaturas anteriores.

Que ellos sí, revisarían con lupa y rigurosidad tanto las leyes de ingresos como, sobre todo, los presupuestos de egresos del Gobierno del Estado. Que no permitirían desviaciones de recursos en las cuentas públicas y si se detectaban y no lograban comprobar su buen uso y destino, serían denunciados penalmente. Pero la realidad ha sido otra. Pocos de nuestros flamantes representantes populares, por no decir que ninguno de los 25 que integran la XXIV Legislatura local, han arrastrado el lápiz para elaborar iniciativas de ley o decretos que tengan como destino atender las demandas sociales más sentidas.

Si acaso se han limitado a presentar propuestas que responden más a compromisos con grupos específicos con quienes se tiene identificación o vínculos sociopolíticos, o bien a demeritar aquellas expresiones que van en contra de lo que pueda y dice representar la 4T.

En la realidad, el Congreso del Estado de Baja California -y esto incluye por supuesto a los diputados de oposición e “independientes”- se ha convertido en repetidora de todo lo que envíe el Poder Ejecutivo y prueba de ello son las reformas a las leyes que revivieron la Secretará de Seguridad Ciudadana, así como los requisitos del nuevo fiscal general del Estado, hechas a modo.

Sin nadie que les vigile, sin nada que los regule mas que su propia normatividad les marca, que es lo mismo que nada, la Cámara de Diputados de Baja California hace tiempo dejó de ser el contrapeso y órgano de vigilancia de los poderes Ejecutivo y Judicial, para convertirse en esa cámara de resonancia que funciona, a veces con amenazas para acalambrar a los contrarios y en ocasiones como registradora para suavizar a los indecisos.

Es cuánto.

*El autor es periodista con 45 años de experiencia, licenciado en periodismo, asesor en comunicación y marketing político, consultor de medios.

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