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Columnas Águilas y serpientes

Andamos volando bajo

“Me da vuelta la cabeza, y es tan grande mi tristeza, que estoy juntando valor, para vivir esta vida, para curarme la herida, que tu ausencia me dejó. Ando volando bajo, ando volando bajo, estoy tan desorientado, y con el paso cambiado, ando volando bajo”. Segmento de la canción “ando volando bajo”. De la autoría de José Alfredo Jiménez, interpretada por Pedro Infante, José José y otros.

Por Rafael Liceaga

“Me da vuelta la cabeza, y es tan grande mi tristeza, que estoy juntando valor, para vivir esta vida, para curarme la herida, que tu ausencia me dejó. Ando volando bajo, ando volando bajo, estoy tan desorientado, y con el paso cambiado, ando volando bajo”. Segmento de la canción “ando volando bajo”. De la autoría de José Alfredo Jiménez, interpretada por Pedro Infante, José José y otros.

Y bueno, en México, varios andan volando bajo, con una avalancha informativa, vivida más en los últimos tiempos, que ha concentrado de manera hostil, el debate público de los políticos, sobre el gobierno; arrastrándonos a los ciudadanos a esa vorágine mediática. Hay una batalla política de todos contra todos, que se dirime en los terrenos del escarnio público, a través de las redes sociales, dejando ver de la gente, su objetividad, pasión e integridad, o la falta de ellas. Cada cual tendrá su calificación. Los partidos políticos y los políticos, en lugar de llenarnos de orgullo y esperanza, nos llenan de hartazgo y basura.

Y al buscar culpables de lo malo que nos pasa, sobresale el gobierno, pero los ciudadanos no nos quedamos atrás en responsabilidad. Somos los que los elegimos y los que hacemos que toda la maquinaria funcione a diario, en todos los sectores. O sea, todos tenemos una parte de culpa. Unos más y otros menos. Hoy solo hay coraje hacia un lado y no autocrítica. En cuestiones de objetividad y civismo, andamos volando bajo.

Al volar bajo, se ha propiciado una nueva rutina en la política mexicana, en dónde los memes y comentarios sarcásticos, son los principales instrumentos, para atacar o denostar al otro, sin tolerancia. Se tenga o no razón, se usa con muy bajo estilo. La corrupción no es exclusiva del poder, sino que está en toda la estructura social. Hoy, la vulgaridad y la indiferencia, son características de nuestro ADN colectivo. En la sociedad, la gente puede no coincidir. Pero entre gente de bien, eso debe de provocar tolerancia y fortaleza para conciliar. Cosas que, entre ásperos, es imposible lograr.

Volando bajo, se han inundado nuestras redes sociales de trabajo, de organización y sociales, con la miseria de la propaganda política. Cada grupo apolítico o apartidista serio, debería de permanecer al margen de fanatismos personales. Es saludable no contaminarlos con asuntos polémicos y políticos. Para eso, cada cual tiene sus muros y chats personales, en donde no importunamos con actividades ajenas a nuestros propósitos originales.

Opinar diferente es natural, es parte de la diversidad de la vida, de la convivencia y de la naturaleza humana. Si uno está de acuerdo con la opinión del otro, alegrémonos. Pero si no ¿por qué la beligerancia? ¿porqué querer imponer nuestra visión a otros? Lo único que no es natural es que, por diferencias, uno se mortifique o mortifique al otro; se ofenda u ofenda. La tolerancia es la base de la cohesión social y de la civilización.

Andamos volando bajo; y unos… muy bajo.

* El autor es asesor administrativo, presidente de Tijuana Opina y coordinador de Tijuana en Movimiento.

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