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Columnas Ecoanálisis

Abundancia de totoaba, abundancia de delitos

Con el último cuarto de luna creciente, al igual que el mes anterior, llegó del Sur costeando a la bahía de San Felipe un enorme cardumen de totoaba, el pez gigante del alto Golfo de California.

Por Alberto Tapia

Con el último cuarto de luna creciente, al igual que el mes anterior, llegó del Sur costeando a la bahía de San Felipe un enorme cardumen de totoaba, el pez gigante del alto Golfo de California. Pero tras ellas salieron decenas de pangas para capturarlas con sus redes ilegales, ya que este arte de pesca está prohibido porque en él se enreda y muere la vaquita marina. Ambas especies se encuentran declaradas en peligro de extinción pero hay un abismo entre sus poblaciones. De la totoaba se sabe hay más de medio millón nadando libremente, de la vaquita menos de 10 ejemplares.


La pesca pretendida al ser a la vista de todos los porteños tuvo que ser detenida. Para sorpresa de los pescadores furtivos helicóptero y botes de las autoridades detuvieron lo que estaba a punto de suceder, una captura masiva del pez más valioso de México.

En un ecoanálisis anterior comenté el hallazgo de arqueólogos del INAH en Punta Estrella, el extremo sur de la bahía sanfelipense. En los restos de una fogata ancestral encontraron huesos cocinados de muchas totoabas, de todos tamaños. Es posible que aquellos humanos antiguos precursores del grupo yumano al que pertenecen kiliwas y cucapás, las haya pescado con las manos, pues no hay evidencia de artes primitivas de pesca para el mar en estas latitudes. La fogata data de hace 1,500 años.


Observadores como fueron todos los humanos antes de inventar el techo y las paredes, avance que nos aisló de la Naturaleza, sabían de la conducta de los animales asociados a las fases lunares y las aprovechaban. El cardumen de la semana pasada era de tantos animales, según testigos oculares, que dejaron una agua lodosa y revuelta a su paso en la bahía, algo que los actuales sanfelipenses no habían visto en tiempos modernos. La lectura es que la totoaba no sólo se ha recuperado sino que sigue aumentando su población y no sabemos hasta qué punto llegue, pero el alto Golfo de California debe tener una capacidad de carga bien definida para esta especie así como la tiene para las demás.


Pero no sólo la bahía estaba custodiada por las autoridades ambientales sino también la zona Norte hacia donde corre la totoaba cada año a desovar. Notas periodísticas y videos en las redes sociales dan cuenta que fueron sorprendidas muchas pangas acorralando con sus redes a cientos de totoabas para una captura segura. Pero la operación clandestina fue abortada por los armados y pangas salieron huyendo por todos lados. Una que salió por el puerto fue perseguida y detenida por municipales y marinos. Inmediatamente acudió gente, pescadores y curiosos, insultando y retando a los armados hasta hacerlos soltar a los detenidos, no sin antes humillarlos.


 Lo acontecido en San Felipe es otro caso más de la debilidad gubernamental. Ya se han acumulado muchos casos en los que policías, soldados o marinos son ultrajados y hasta desarmados. ¿Qué le espera a un país sin autoridad que ya ni procesar los delitos puede?

*- El autor es investigador ambiental.

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