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Columnas Sueños de plata

1917 Dir. Sam Mendes

El 6 de abril de 1917, casi tres años después del asesinato del heredero al trono austro-hungaro (que oficialmente es marcado como el inicio de la Primera Guerra Mundial), arranca el relato presentado por Sam Mendes como una sola toma continúa (con ayuda de evidentes cortes ocultos).

Por Manuel Ríos Sarabia

El 6 de abril de 1917, casi tres años después del asesinato del heredero al trono austro-hungaro (que oficialmente es marcado como el inicio de la Primera Guerra Mundial), arranca el relato presentado por Sam Mendes como una sola toma continúa (con ayuda de evidentes cortes ocultos).

Los cabos Blake y Schofield (Dean Charles-Chapman y  George MacKay), dos soldados británicos emplazados en Francia, descansan plácidamente frente a un pastizal cuando reciben ordenes inmediatas. Deberán llevar un mensaje a las tropas de primera línea que se preparan para atacar a los alemanes en retirada. El mando Británico tiene la seguridad de que el retiro alemán se trata de una emboscada. Los dos mensajeros deben entregar la orden de cancelar el ataque, con lo que se salvarían innumerables vidas, entre ellas la del hermano de Blake, quien no duda ni un instante en llevar a cabo la misión, a diferencia de Schofield que la ve como un suicidio.

Caminando desde el pastizal a las interminables trincheras, en una toma que recuerda el inicio de Patrulla Infernal (1957) de Stanley Kubrick, la cámara de Roger Deakins inicia una implacable travesía de dos horas de duración a través del infierno de la guerra. Pasando de la luz del sol a los refugios bajo tierra de las trincheras, la fotografía es aprovechada para crear imágenes de suma belleza en medio de situaciones de impensable horror.

Conforme los soldados avanzan en la misión su diferencia de opinión desvanece, por distintos eventos, y cualquier cuestionamiento sobre la legitimidad de la guerra desaparece de igual forma. Esto no se convertirá en una crítica retorica sobre los conflictos bélicos, sus fundamentos, las jerarquías militares y su legislación interna, como es el caso de la película de Kubrick, cuyo referente inicial es innegable.

Lo que presenta Mendes es la cara opuesta de la moneda. Si bien el personaje de Kirk Douglas, en Patrulla Infernal (el Coronel Dax), critica ácidamente al patriotismo como “el último refugio de los canallas”, 1917 apela a la lucha y al sacrificio nacional.

La técnica empleada (una toma continúa) tiene su justificación en la intención de poner al espectador justo en el centro de los hechos, experimentando todo lo que sucede desde el punto de vista de los dos soldados, así logrando un efecto de mayor impacto. Sin embargo la cámara en ocasiones se despega para presentar una visión más subjetiva y “divina” de los sucesos.

El resultado es sin duda un logro monumental en el ámbito de dirección y fotografía que supera en su ambición las dos cintas con una técnica similar de González Iñárritu (Birdman y The Revenant), sin embargo, el efecto, en ocasiones funciona en su detrimento, convirtiendo algunas secuencias en algo similar a un videojuego de primera persona.

En sus mejores instantes la dirección de Mendes apoyada por la insuperable fotografía de Roger Deakins crea sublimes secuencias que definen lo que es el cine en su más pura expresión como imagen en movimiento. En otros se expresa la realidad de la guerra con imágenes en chiaroscuro que recrean escenas que parecen extraídas de las profundidades del infierno de Dante.

En medio de la exuberante ostentación de la técnica por encima del contenido, es evidente la carencia de momentos genuinamente humanos que comuniquen la tragedia que se vivió. Esos momentos capturados por las cámaras que estuvieron presentes hace cien años en el conflicto y que han sido transportados a la actualidad (con el uso de colorización y 3D) por Peter Jackson en su impresionante documental They Shall Not Grow Old (No envejecerán, 2019), que presenta la cara real de quienes participaron en la pesadilla y las consecuencias crudas de tales eventos.

Sam Mendes escribió el guión (junto a Kristy Wilson-Cairns) basado en las experiencias y relatos de su abuelo Alfred H. Mendes, a quien está dedicada la película, y para quien es en realidad una carta de amor.

Pero lo más cercano que 1917 se aproxima a una reflexión sobre la guerra es a través de una línea desechable que menciona el hecho de que llevan “tres años peleando por unos cuantos metros de tierra”, ahora devastada.

“Hay hombres que sólo quieren la pelea.”

* El autor es editor y escritor en Sadhaka Studio.

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