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Columnas Quietud del Movimiento

16 de septiembre

“La verdad es que mientras más enojado estoy con este país y más lejos viajo, más mexicano me siento.”- Jorge Ibargüengoitia
 

Por Roberto Quijano Luna

“La verdad es que mientras más enojado estoy con este país y más lejos viajo, más mexicano me siento.”- Jorge Ibargüengoitia

 
Somos producto del choque de dos mundos: el occidental y el prehispánico. Este país es una de las superpotencias culturales del mundo. Somos un mosaico de culturas, cada una con una cosmovisión única. Aztecas, mayas, olmecas, zapotecos, mixtecos, tarascos, yaquis, mayos, por nombrar algunos. Pocos pueden presumir una historia tan vasta, compleja y rica como la mexicana. Ser mexicano representa una gran responsabilidad frente a la humanidad. Somos el país hispano parlante más poblado del mundo. Somos la décima quinta economía. Formamos parte de la OCDE, Tlcan (hoy T-MEC), APEC. Tenemos relaciones diplomáticas con las grandes potencias (Estados Unidos, China y Francia) hasta con los renegados como Corea del Norte, Irán y Venezuela. El mundo ve en el mexicano un amigo. Nuestra gastronomía es saboreada y envidiada por el resto del mundo. Hemos aportado grandes ingredientes a la cocina mundial como el aguacate, jitomate y cacao. Somos tierra de brillantes artistas  de todas las disciplinas como Juan Gabriel, Pedro Infante, José Alfredo Jiménez, Sor Juana Inés de la Cruz, Frida Kahlo, Cantinflas, María Félix, Octavio Paz, Elena Garro, por mencionar algunos. Ser mexicano es vivir la naturaleza humana con toda intensidad. El mexicano experimenta todas las emociones y sentimientos posibles: alegría, tristeza, amor, soledad, nostalgia, esperanza, desesperanza, plenitud, ilusión, desilusión. Cuando pienso en México, pienso en un domingo familiar. Papás, hijos, abuelos, primos, sobrinos, nietos, bisnietos, novios, novias. Todos reunidos para celebrar la vida. El mexicano podrá ser víctima de todo, desde pobreza, violencia, corrupción, los males son interminables. Pero tiene en la familia un instrumento de cohesión. Pocos países pueden presumir eso. El mexicano migra en busca de mejores oportunidades pero nunca podrá quitarse a México por completo de sí. Mientras escribo este texto, me encuentro a miles de kilómetros de México. Claro, en diferentes circunstancias que el hermano migrante que sobrevive calvario tras calvario. Pero me une con él o ella el mismo sentimiento de añoranza por México y lo mexicano. Vivir fuera de México hace que brote tu mexicanidad. Como nunca escucho mariachi, boleros y tambora. Como nunca busco ingredientes para prepararme una mediocre imitación de comida mexicana. Añoro por regresar a ese México que idealizo. Pero… esto es solo una faceta de México. México también es sus numerosos problemas. Somos un país sumamente violento, corrupto, desigual y antidemocrático. El mexicano puede salir a su trabajo (mal pagado, denigrante e indigno) sin saber si regresará a su casa. Ser mujer, anciana e indígena es quizá el peor calvario posible. Perteneces a unos de los sectores sociales más marginas del planeta. Puede que camines descalza por una sierra inhóspita sin saber si comerás o recibirás atención médica. Puede que seas un indígena pobre y que tus hijos y tus nietos sigan siendo pobres. Ser mexicano y privilegiado, como yo, es una gran responsabilidad, luchemos por aquellos que son mexicanos sin privilegios.

 

*El autor es abogado y estudiante del programa Atlantis en Syracuse University/Hertie School of Governance.

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