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El mundo me da vueltas

# 4: Marina y Montserrat, la corrupción, la maldita corrupción

Somos esencialmente un pueblo corrupto, nos gusta el favor sobre los demás, la dádiva para “acelerar” las cosas, el franco “compartir” para obtener, el solapamiento para contar con beneficios.

Por Pepe Avelar

Somos esencialmente un pueblo corrupto, nos gusta el favor sobre los demás, la dádiva para “acelerar” las cosas, el franco “compartir” para obtener, el solapamiento para contar con beneficios. Así ha sido y ojalá pudiéramos cortar de tajo esta forma de ser que no ayuda a nadie sino al contrario, nos detiene en el desarrollo como país. En su campaña política a la Presidencia, creí que la propuesta de Lopez Obrador, por quien voté, de acabar con la corrupción en el sistema político se haría realidad pero, tres años después, veo que esto no es así. Es mas, hasta considero que a nivel estatal y municipal se ha descarado a niveles inconcebibles. El desorden en el que vivimos da cuenta del solapamiento que los funcionarios tienen con los ciudadanos para no regir nuestras actividades diarias. Claro, la corrupción es de dos vías: el ciudadano que extiende el billete y el funcionario que lo exige o lo acepta. Aquí hay que trabajar en ambos sentidos. Mi petición y mi recomendación en esta ocasión es para hacer realidad algo que nunca ha servido para gran cosa: la contraloría y la sindicatura. Mas allá de elemento de presión política y en muchas ocasiones, solo mediática, estas dependencias son, en apariencia y dados los resultados, las solapadoras principales de los desvíos de recursos que se hacen desde las oficinas gubernamentales: contratos para los cuates; “comisiones” de hasta el 30% de sobreprecio; “untada de mano” para operar negocios o construcciones de todo tipo; efectivo entregado por terceros para que los bares estén abiertos las 24 horas; un “sobrecito” para dejar que tianguis, ambulantes, taxis estén donde quieran y usen las unidades que quieran; y así hasta el infinito en cualquier sector, con cualquier tema. No hay nada que esconder en este tema: los “negocios” de los funcionarios están a la luz del día y quienes pagan por obtener favores salen en los medios y están en la calle también todos los días. No me asusto ni mucho menos me persigno por esta “normalidad” en la que vivimos pero la realidad es que ni ciudadanos ni funcionarios hemos pensado que eso es parte de los que nos mantiene en el subdesarrollo como región y como país. El mismo impulso económico que nos tiene como un gran estado se contrapone a la corrupción de gobiernos, empresas y personas que nos jala hacia abajo. Historias de atracos de la policía a turistas las escuchamos todos los días; el desorden nocturno en bares y eventos es mas que evidente; ambulantes por doquier sin permiso o en zonas prohibidas; construcciones en zonas no aptas para albergarlas; obras multimillonarias que no se nota el dinero en ellas; operaciones irregulares de empresas en zonas residenciales; contratos a empresas que no tienen experiencia en el campo que se los otorgaron; funcionarios sin habilidades para el puesto que les designaron; falta de orden en el transporte, en el mantenimiento de calles, en el otorgamiento de los servicios y así hasta la saciedad. La corrupción nos rodea a todos y por todo. Por eso creo que debe ser tarea del nuevo gobierno tener un plan para atacar este flagelo. Creo que debería de empezarse por el nombramiento de funcionarios con experiencia en sus áreas de trabajo y continuar con la transparencia en el uso de los recursos. Una transformación en las leyes sería conveniente para que dejen de ser intrincadas, confusas y contrapuestas entre sí, también ayudaría a que los ciudadanos no incitemos o nos desesperemos a “agilizar” los trámites gubernamentales. Mis respetos, si ambas logran avances en este espinoso tema (y de paso encarcelan a mucho corrupto que anda suelto). * El autor es empresario, turistólogo y un enamorado de su ciudad.

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