Columnas La víspera: Incertidumbre y certeza

Tijuana, ayer y hoy

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Por razones técnicas, esta columna debe mandarse el sábado a la redacción, donde nuestro editor la incluye en la sección correspondiente. Por esta razón, escribo la columna del lunes, la víspera del gran día electoral que decidirá el futuro de México. Como no soy adivino no podré vaticinar los resultados, aunque me los imagino jubilosamente. Sin embargo, me asalta una terrible sensación de incertidumbre y certeza al mismo tiempo. Incertidumbre porque no puedo saber las vicisitudes que se presenten, pero certeza porque sé que este domingo (mañana, cuando redacto la columna) habrán salido ayer millones de mexicanos de todas las edades a depositar su voto por el futuro del país. Las historias terribles de fraudes electorales en nuestra patria, son muchas y elocuentes. El primero lo vivió Madero en 1910 y ya sabemos en lo que desembocó ese fraude porfiriano, con su secuela del 20 de noviembre de 1910 y la renuncia del dictador en 1911. Una secuela que no terminaría sino muy entrado el siglo con el asesinato del caudillo Obregón y la creación del partido hegemónico y el “Maximato callista”. Al parecer, el primer gran fraude se dio en 1929 con la derrota del vasconcelismo, siguió con la derrota del Gral. Juan Andrew Almazán en 1940 y luego con el fraude y derrota del Gral. Enríquez Guzmán en 1952 que encabezara la llamada Federación de Partidos del Pueblo, que levantara tantas esperanzas de democracia en el pueblo mexicano. Las protestas por el fraude, como en casos anteriores, fue brutal y costó muchas vidas de mexicanos que luchaban por la democracia. En 1988, hasta las 10 de la noche ganaba las elecciones Cuauhtémoc Cárdenas, cuando sobrevino la “caída del sistema” por lo que se dejó de dar informes sobre el conteo de la votación. A la mañana siguiente el ganador, según Gobernación, era Carlos Salinas. Manuel Barlett, secretario de Gobernación y presidente de la Comisión Electoral de entonces, trató de justificar lo injustificable. Barlett y su equipo de Gobernación (hoy diseminados en distintos partidos incluyéndolo a él (senador por el PT) pasaron a la historia negra de las elecciones. La últimas y sospechosas elecciones fueron las del 2006 y 20012, la primera con un raro empate técnico que la mitad de mexicanos no aceptó. La segunda se fraguó en el proceso mismo de la campaña, contra AMLO. En Baja California también ha habido fraudes. El primero documentado, es el 1925, cuando Calles quiso crear los municipios libres en Baja California. El último en 1968, en Tijuana y Mexicali. Las autoridades de entonces, decidieron instalar “Concejos (sic) municipales”, al anular las elecciones. Pero hoy México es otro, con ciudadanos más maduros y participativos. Hoy podemos tener la certidumbre de que la jornada de ayer se haya realizado en paz y con apego a la Ley. El autor es catedrático de la Universidad de Tijuana, Cronista de la Ciudad.

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