Columnas La ley del menor esfuerzo

Termómetro mental

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Escuché a la crítica de arte Avelina Lesper decir una sentencia devastadora, “está de moda ser estúpido, es la realidad”. Argumentaba cómo la tendencia es a mostrar, producir, subir, cosas estúpidas a Internet. Y efectivamente, el uso personal de las redes usualmente es para mostrar algo frívolo o francamente tonto. Lo importante es que sea visto, es un ejercicio narcisista en donde lo que proyectas es tu persona, no tus ideas. Finalmente resulta muy elocuente la forma en que se muestra alguien en su perfil virtual, muestra quien quiere ser o parecer, no quien es. Un fenómeno asociado que va creciendo mucho es el de los emoticones. Lejos de enriquecer la comunicación o expresividad resume a una caricatura algo profundo. Veo con tristeza como hoy en día se manda una expresión amable o amorosa con una carita, o un pésame con una serie de varias manos orando. Limita el lenguaje y por lo tanto el intelecto. La escritura se empezó a empobrecer con la ruptura de las reglas ortográficas en nombre del espacio, finalmente un código generacional. “Ke” está bien visto, casi parece el tonto el que escribe qué. La simplificación de las ideas y las emociones a un signo es una muestra del curso de la cultura. El arte se simplifica, la comunicación también, finalmente la concepción de la existencia. Como maestro durante décadas a alumnos de educación superior o profesionistas he visto como cada vez tiene menos capacidad de lectura. Someterlos a una lectura de cien páginas les parece un atropello, salvo en carreras de alto contenido científico en donde sí se acostumbra leer y estudiar, pero cada vez menos a pensar. La cultura educativa se solía acompañar de esfuerzos para conseguir que el alumno leyera y reflexionara sobre lo leído. Cuando un paciente pretende transmitirme algún sufrimiento o logro mediante un emoticón, le pido me lo exponga en palabras. No porque después de un breve mensaje agregue cinco caritas lagrimeando entenderé más de su sufrimiento. Dicen que una imagen vale más que mil palabras, pero esto se refiere a una imagen compleja, una fotografía, por ejemplo. Por el contrario, una caricatura elemental y carente de originalidad evita que el usuario pase por palabras su emoción. Quizá el emoticón que se destornilla de risa acompañando una imagen o tweet pueda ser un calificativo que invita a pensar el por qué, pero generalmente de manera imprecisa. Su uso es para trasmitir un mensaje minimalista que no invita a leerlo o pensarlo sino a inmediatamente traducirlo por una emoción elemental empobreciendo la intención fina del mensaje. Los emoticones llegaron para quedarse, cambiaran con las modas, pero podrá crecer al punto de formar un código que prescinda de las letras. :( * El autor es siquiatra y ejerce en Tijuana.

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