Columnas El 'revival' alucinógeno

Termómetro mental

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Una pequeña historia y la denuncia de la moda del uso de alucinógenos como recurso “terapéutico” o “sanador”. Primero la historia: La canción que popularizó el subgénero rock psicodélico o ácido fue “She Said She Said” compuesta por John Lennon, quien mañana cumpliría 78 años. Paul se rehusaba de inicio a consumir LSD, George y John alegremente se aficionaron. La diferencia afectó tanto que en la grabación de la canción se largó Paul y no participó. Trata la letra de alguien que dice que sabe lo que es estar muerto y a John le hace sentir como si nunca hubiera nacido. Eso sucedió en la realidad, bajo los efectos de LSD George tuvo un ataque de pánico sintiendo que ya había muerto. El actor Peter Fonda los quiso tranquilizar diciéndoles que él sí sabía lo que era estar muerto, y entonces les contó cómo se disparó accidentalmente a sí mismo y les mostró las heridas. John le dijo que se largara, que los estaba “malviajando” y que le había hecho sentir horrible, como si nunca hubiera nacido. Es la primera canción narrando una experiencia real bajo alucinógenos. Por esos años en partes de Europa y México se experimentaba médicamente con sustancias como hongos alucinógenos o peyote para entender las estructuras dopaminérgicas, sin embargo, hubo pillos que vendían el viaje con un pretexto terapéutico. Pionero y famoso en nuestro país fue el doctor Roquet, quien a sus 37 años decidió estudiar psiquiatría y al participar en un experimento quedó maravillado al probar la mezcalina que proveía en ampolletas un laboratorio. Realizó cientos de sesiones de lo que llamó “psicosíntesis”. Curiosamente hay un renacimiento de su fama y prácticas. El doctor Roquet usó todas las sustancias alucinógenas que llegaron a sus manos, el problema es que las compartía con pacientes en sesiones “terapéuticas” que acababan en un desastre de promiscuidad y activaciones psicóticas. Recuerdo haber firmado en 1974 la solicitud médica colectiva para frenarlo, le bajó, pero quedó como celebridad. Lo nuevo es el uso de sustancias alucinógenas extraídas de la piel de ciertos sapos tóxicos y la llamada Ayahuasca (mezcla de dos plantas), además de otras plantas exóticas. No está prohibido, pero tampoco está permitido, en este limbo aún hoy se puede contratar en internet una sesión bajo los efectos de estas sustancias organizada por chamanes post modernistas. Ni se le ocurra probarlas, no solamente puede ser que pase un momento terrorífico, sino que, si tiene y se le activa un gen psicótico, quedará permanentemente afectado. Anticipo que en los próximos años se popularizará aún más el uso de alucinógenos con intenciones terapéuticas, será una actividad al margen de la medicina, peligrosa y fraudulenta. Resistan la oferta e infórmense de los riesgos inútiles. El autor es siquiatra y ejerce en Tijuana.

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