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Columnas Delirio e inseguridad

Termómetro mental

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Hay estadísticas, por ejemplo, en la familia real británica, que demuestran que la mitad de los ataques físicos de los que fueron objeto se llevaron a cabo por personas psicóticas. La mayoría había merodeado y rumiado la escena. Los perpetradores no buscan ser celebridades, ya deliran serlo. Su idea delirante suele tener contenidos megalomaníacos, místicos o alucinaciones auditivas que les comandan atacar, ellos y sólo ellos tendrán esta encomienda en su cabeza. Están convencidos que cumplen una misión mayor, a diferencia de los ataques por animadversión política o ideológica, no son fanáticos, son delirantes. Esto y solamente esto ya determina que un presidente debe tener una eficaz estrategia de protección personal. La confianza con que AMLO se mueve entre la multitud es algo que debe cesar. Yo no quisiera coincidir con él en un aeropuerto, por ejemplo. Tiene que respetar a los que le rodean, no debe circular entre la multitud, tiene que honrar el encargo personal, que le otorgó el pueblo, de sacar al país de la crisis de criminalidad y corrupción. El proyecto está sobre sus hombros como individuo, no hay un equipo de colaboradores con la misma estrategia, aún. Si hubiera un atentado a su persona, pondría en graves aprietos la estabilidad nacional. No hay a quien le queden sus zapatos. La tragedia de Colosio nos deja una terrible lección que hay que aprender. En los países civilizados, ni le preguntan al presidente, simplemente lo protegen y el equipo de seguridad decide cómo y dónde. No es prerrogativa del presidente decidir el cómo y cuando de su seguridad personal. Hay numerosos factores que escapan la intención política, el atentado del psicótico solitario es uno inevitable. John Lennon perdió la vida por renunciar a seguridad personal, con él moría el sueño musical, con AMLO morirían personas, habría caos por falta de un liderazgo fuerte. Yo esperaría que pronto habrá quienes eventualmente puedan sucederlo, hoy en día no lo hay. En Brasil y en Venezuela, muy recientemente, ha habido atentados tipo magnicidio. El de Brasil, en particular, muestra cómo el caos de la multitud es terreno fértil para un atentado por proximidad. Allí acaban de apuñalar, en el abdomen, al candidato más popular de la derecha en medio de la espontaneidad alegre de quienes le rodeaban. Se les llama magnicidios a los asesinatos de grandes figuras políticas. La historia de magnicidios presidenciales es larga, en ella ha habido numerosos intentos de personas psicóticas y ajenas a cualquier grupo político. Precisamente los más evitables son los de los psicóticos, no son sofisticados. Es frecuente encontrar delirios de grandeza y persecución que toman forma alrededor de una celebridad, ese es el terreno fértil para estos intentos psicóticos de matar a esa persona. * El autor es siquiatra y ejerce en Tijuana.

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