No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas La corrupción

Termómetro mental

Por

Hace siete días AMLO en el Zócalo insistió en que la corrupción no es cultural. Yo pienso que sí, y que también es un asunto mental colectivo. Claro que la pobreza es terreno fértil para la corrupción, pero también se da en la riqueza. Necesitaríamos una revolución cultural, no en el sentido maoísta, sino un cambio de mentalidad. Debemos erradicar la corrupción de la vida cotidiana, la de los servidores públicos y las de los demás en su forma de relacionarse con el procedimiento de las cosas. Los honestos se ven sometidos a la necesidad de colaborar con la corrupción para resolver sus obligaciones o para ejercer sus derechos, o por franca extorsión. La generalizada percepción de que el motivo de la pobreza se debe a gobiernos corruptos, y viceversa, no es del todo cierta. La relación entre la pobreza y la criminalidad también es relativa. La multifactorialidad del problema de la violencia es amplia, pero la corrupción es el eje en el que se ha desatado nuestra violencia. Es como una adicción social, un vicio. Es una forma de pensar y actuar en el mundo, algo de lo que no hay una rehabilitación total, pero sí contención. El adicto no se cura, pero sí puede contenerse. La corrupción es parte de esa maldad humana que florece si no tiene control mínimo. La honestidad de los servidores públicos debe permear hacia los servicios privados. Si le bajamos dos rayitas a la violencia ya vamos de gane, lo urgente es invertir la curva de criminalidad ascendente. El sistema social en su conjunto funciona con las reglas de la corrupción desde que tenemos memoria, todos los mexicanos vivientes crecimos empapados de la corrupción generalizada. Está bien que quiera barrer las escaleras de arriba para abajo, la pregunta es hasta qué escalón llegará. Otro tema que me llamó la atención es la decisión de la futura secretaria de Gobernación de despenalizar la producción, distribución y consumo de la mariguana, y por otro lado un endurecimiento para las drogas sintéticas. Muy valiente, en sintonía geográfica con Norteamérica. Mi único señalamiento, que no veo en Canadá ni en Estados Unidos, sería la prohibición sobre la industrialización y producción de extractos de la mariguana. En la frontera lo vemos constantemente. El consumo de mariguana en Tijuana empieza a permearse de la industrializada, concentrada y peligrosa, cannabis de los vecinos de California. Cada día vemos más debut de problemas siquiátricos asociados a esas presentaciones concentradas en Tetrahidrocannabinol. Los adolescentes son más frágiles, les parece fácil comer un chocolate, una galleta o usar un vaporizador. Finalmente, me sumo al ánimo de que todos debemos jalar juntos la carreta del futuro sexenio, con trabajo, crítica constructiva y desligándonos de la corrupción. En esta ocasión discrepo del EZLN. El autor es siquiatra y ejerce en Tijuana.

Comentarios