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Columnas Cruce fronterizo tercermundista

Tecleado

Por Cosme Collignon

El martes pasado se puso en operación el nuevo cruce fronterizo entre Mexicali, Baja California, y Calexico, California; el cruce hacia México ya se había abierto semanas atrás. Pero ¿qué características tiene este cruce? Empezaré por decirles que el factor más visible es la improvisación, un proyecto que no era proyecto y un Gobierno Federal que da pena, ya que en el lado estadounidense desde hace cinco años empezaron las obras, mientras, como en el cuento de la liebre y la tortuga, las autoridades federales haciéndose locos o más bien no atendiendo las negociaciones de este nuevo puerto fronterizo. El tiempo no se detiene, pero el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto y sus secretarios de Hacienda y Comunicaciones y Transportes, haciendo no sé qué cosa, porque les llegó el momento de decidir la construcción del cruce, ah, pero estos ineptos o muy capaces decidieron borrar unos puentes y pasos a desnivel del proyecto original –bueno así nos lo vendieron las autoridades estatales –, y quitaron un presupuesto, dicen, de 280 millones de pesos, por lo tanto, no se construyeron. Les decía que el tiempo no se detiene, pero sí el pensar de un gobierno centralista que ve con malos ojos las ciudades fronterizas del Norte de México; el agua les llegó a los aparejos (término náutico) y no concursaron la obra, tuvieron que ordenarle al Ejército mexicano que iniciara la construcción; disciplinados como son los militares empezaron a trabajar con maquinaria y personal para mover tierra, abrir caminos y sacar lo más pronto posible este nudo que habían hecho las autoridades federales por su incapacidad de cumplir acuerdos internacionales. No hay fecha que no se cumpla y las autoridades de migración y aduanas estadounidenses ya habían terminado su parte, suficientes casetas para recibir los mexicanos en automóvil, por las calles señalamientos y rutas; mientras en Mexicali seguían trabajando a marchas forzadas. ¿Y los puentes? Nada, que los habían quitado del proyecto y que ya no existían los 280 millones de pesos. Se abre el cruce a Mexicali y más o menos funcionó, con el descontento de los comerciantes del centro histórico de la capital de Baja California, porque ahora los autos no pasarían por sus negocios y por lo tanto no habrá venta. Siguen los militares trabajando y parece que contratan a unas empresas para pavimentar los accesos. Ya sabían desde hace años la fecha para que entrara en operación el cruce fronterizo, pero los encargados de la obra seguían trabajando, a la mexicana, a última hora, con el valemadrismo que nos caracteriza. A la avenida que llegaba al viejo cruce se le improvisó una ruta, tumbando una barda que había construido el Gobierno Federal no sé para qué, una barda inútil que algún amigo del delegado de Gobernación se vio beneficiado o del de Aduanas o del SAT. Un pequeño detalle, el ferrocarril, el propio alcalde fue a ver cómo estaba el cochinero que había hecho el Gobierno Federal en este cruce y se pone a discutir con un empleado del SAT, Carlos "N", diciéndole del cochinero que habían hecho y lo del problema por el tren y el por qué habían quitado los pasos a desnivel del proyecto, a lo que este soberbio personaje dijo: “nunca estuvieron contemplados en el proyecto”, ¡pácatelas! Bueno ya se tiene un cruce fronterizo de primer mundo, sí, del lado de Calexico, y de tercer mundo en Mexicali, gracias Peña Nieto. * El autor es periodista independiente.

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