Columnas

Sueños de plata

Por Manuel Ríos Sarabia

Rostros y lugares Dir. Agnes Varda y JR A sus 89 años y con una carrera cinematográfica de otros 63 a su espalda, Agnes Varda parece no querer detenerse mientras aún tenga fuerza para seguir soñando… y capturando imágenes. Haciendo mancuerna con el fotógrafo francés JR, quien en 2017 instaló una de sus fotografías en la frontera de Tecate con Estados Unidos (un bebé que se asoma sobre la reja divisoria), Agnes forma una especie de reinterpretación (involuntaria) de “Harold and Maude” (Hal Ashby, 1971), en la que ella hace las veces de la juguetona y aventurera Maude, en versión real y más excéntrica, con su característico cabello bicolor, y JR asume el papel de un Harold hipster del siglo XXI, que nunca se quita su sombrero y mucho menos sus lentes obscuros, que ocultan su alma en todo momento. Después de una secuencia de créditos que presenta a los dos creadores en animación rotoscópica se muestran todas las cómicas formas en que no se conocieron. No fue en una carretera, ni en una panadería, tampoco en una discoteca. En realidad son mutuos e improbables admiradores que han decidido trabajar juntos para crear una obra que mezcle sus sensibilidades. Como si las condiciones de esta colaboración surgieran fortuitamente, la improbable pareja viaja por el paisaje francés, en la camioneta en forma de cámara de JR, tomando fotos de sus habitantes, imprimiéndolas en gran formato, para emplastarlas sobre edificios, fábricas y ruinas. Al respecto de las hermosas personas que encuentran y los caminos por donde los conduce el azar, Varda afirma certeramente: “La casualidad siempre ha sido mi mejor asistente”. Su travesía los lleva hacia un encuentro con la clase trabajadora francesa, en pueblos mineros abandonados, fábricas y puertos (Le Havre), donde ellos, como un par de fantásticos magos itinerantes, llegan a los sitios para rescatar a sus habitantes y sus recuerdos, empatando pueblos y rostros (como en el título literal francés), reestableciendo y en casos estableciendo la identidad de personas y lugares. Los pequeños personajes, gente sencilla y trabajadora, adquieren una nueva dimensión cuando son vistos a través de la mirada de Varda y el lente de JR, no sólo porque literalmente son engrandecidos exponencialmente y expuestos a la vista de toda la comunidad, a través de su imagen fotográfica, sino porque son confrontados con una auto revaloración del lugar que ocupan en el mundo. “Todo depende de cómo vemos las cosas, a la distancia o desde las alturas”. El viaje también se convierte en una dulce amarga despedida para Varda, que sabe que su tiempo se acorta cada vez más. Su pérdida de visión es también en elemento esencial dentro de esta carrera contra el tiempo, en que, con la ayuda de JR, trata de capturar todas las imágenes posibles (exponiendo y re contextualizándolas) antes de que se esfumen por completo. “El objetivo es el poder de la imaginación”. Después de una cita fallida con Jean Luc Godard, compañero de Varda durante la “Nueva Ola” francesa en los años sesenta, y la dolorosa broma que este le juega a Varda, la disímil pareja se detiene por un momento. En ese instante la relación de maestra y aprendiz, sabia y bromista, adquiere una nueva dimensión a través de un regalo único y particular. Un vistazo al alma. La cinta se exhibe todo mayo en Cine Tonalá. El autor es editor y escritor en Sadhaka Studio.

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