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Columnas ‘Atta boy’

#SomosToros

Por Armando Esquivel

Mucha alegría me dio ver a México campeón mundial de beisbol. Los chamacos mexicanos consiguieron, según mi punto de vista personal, el logro más grande en la historia de selecciones mexicanas en competencias internacionales avaladas por la Confederación Mundial de Beisbol y Softbol. Lo que hicieron los jóvenes peloteros mexicanos fue conquistar el campeonato en el Mundial de Beisbol Sub-23 que se desarrolló en Colombia y concluyó el domingo con una sufrida victoria al son de 2-1 sobre la poderosa escuadra de Japón. El triunfo no fue nada fácil ya que se impusieron 2-1 en un duelo que se tuvo que definir en muerte súbita, luego de nueve entradas sin carreras. Ayer, los campeones mundiales llegaron a México, una selección que en un lapso de cuatro años pasó de ser el peor equipo del torneo a ser los monarcas. Hoy, todo el País puede festejar la hazaña de esta selección que, a pesar de los contratiempos que tuvo desde su integración, lograron colgarse la medalla de oro en un ascenso extraordinario dentro de las competencias juveniles de beisbol. Ayer platicamos con Sergio Alvarado, un lanzador nacido en el estado de Chihuahua y que debutó con Toros de Tijuana en la temporada 2017, aunque ahora milita con Bravos de León. Para el zurdo la clave del éxito fue la unión que hubo en este equipo talentoso, ya que eso fue más importante que la poca preparación que tuvieron, pues apenas tuvieron una semana para entrenar juntos y hacer el viaje a Colombia, mientras que equipos como Japón se prepararon por casi tres meses. Su victoria final fue precisamente contra la potencia japonesa, un equipo que los había vencido 7-2 apenas unos días antes en la primera ronda de la competencia, sin embargo, la historia fue muy diferente en el duelo que entregaba la medalla de oro. “Ese juego de la primera ronda contra Japón lo perdimos nosotros, no nos lo ganaron ellos; le jugamos con demasiado respeto a los japoneses y salimos derrotados, pero ya en la final nuestra mentalidad cambió y sabíamos que les podíamos ganar; gracias a Dios las cosas se nos dieron y pudimos salir con la victoria y el campeonato”, me comentó Alvarado. En ese mismo selectivo militaron un par de tijuanenses, el jardinero Julián Ornelas, hermano de Tirso Ornelas Jr. e hijo de Tirso Ornelas, un pelotero sinaloense que hizo época en Tijuana como patrocinador de equipos de primera fuerza y en campeonatos estatales y nacionales. A su llegada a México, Enrique “Che” Reyes, manejador del seleccionado, ofreció una rueda de prensa en la Terminal Aérea de la Ciudad de México, donde pidió más apoyo para el beisbol mexicano, empezando por la cobertura de los medios de comunicación y patrocinadores. En sus declaraciones rescato el ejemplo que dio de la cobertura mediática que hicieron en Japón, con el habitual mar de reporteros y fotógrafos durante la final de Barranquila, mientras que ningún medio mexicano estuvo presente. Antes de su partida, a mí me daba la impresión que el equipo había sido integrado al vapor y con el único objetivo de cumplir con el compromiso adquirido, sin embargo, me taparon la boca y me sorprendieron gratamente. Ojalá que el manejador veracruzano se deje ya de andar brincando, por lo regular sin éxito, de equipo en equipo en la Liga Mexicana de Beisbol (LMB) y Liga Mexicana del Pacífico (LMP) y le den la encomienda de comandar a las nuevas generaciones de beisbolistas en vitrinas internacionales, creo que ahí lo hace muy bien y se ha ganado ese derecho junto a Luis Carlos Rivera, quien fue su brazo derecho. “Atta boy”, muchachos, así se juega. Nos vemos en la parte alta del estadio Gasmart SDQ. Goodbye Horses!!!

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