Columnas #2deOctubreNoSeOlvida

Quietud en movimiento

Por Roberto Quijano Luna

La democratización en México ha sido un largo y tortuoso camino que aún no concluye. Muchos fueron los elementos que contribuyeron a construir el país democrático y plural, con sus muchas deficiencias, en el que vivimos en el presente. Sin duda vienen a la mente acontecimientos como la Independencia, la Reforma o la Revolución. Sin embargo, hay dos eventos concretos en la segunda mitad del siglo XX, uno provocado por la naturaleza y otro por el hombre, que cambiarían el rumbo de México para siempre: el sismo de 1985, el cual analizamos en la columna anterior, y la masacre de Tlatelolco del 2 de octubre de 1968. El año de 1968 fue de catarsis para toda la humanidad. Grandes movimientos de protesta se fueron gestando a lo largo y ancho del planeta. México no fue la excepción. El país de 1968 era uno muy distinto al que vivimos en el presente. El régimen presidencial autoritario del PRI estaba en su mayor apogeo. Nadie osaba retar la autoridad del señor presidente, en aquel entonces Gustavo Díaz Ordaz. Los estudiantes envalentonados por la euforia del momento se movilizaron para reclamar cambios a su realidad. Aspiraban a vivir en un mejor país con mayores libertades y democracia. Nada aterra más a gobiernos autoritarios que precisamente esas dos cosas: libertad y democracia. Por lo que ante estas movilizaciones masivas, el gobierno tuvo que recurrir al vil y vulgar genocidio de jóvenes y estudiantes inocentes congregados aquella sangrienta jornada del 2 de octubre de 1968. Los eventos de Tlatelolco son testimonio directo de cómo el gobierno está dispuesto a matar a sus gobernados en aras de preservar y endurecer su poder. Su objetivo en el corto plazo lo lograron. Sin embargo, en el largo plazo, indudablemente hubo un México antes y después de Tlatelolco. Fueron sembradas las semillas del México democrático del presente. A partir de Tlatelolco, la apertura democrática iría tomando rumbo, abriendo cada vez más espacios y logrando mayores concesiones. Progresivamente, el sistema de dominación hegemónica fue debilitándose. Luego, tras el sismo de 1985, el sistema recibiría otro golpe esencial, en este caso por la naturaleza y no por el gobierno. Los mexicanos se dieron cuenta que ante la ahora notoria y criminal debilidad del Estado, tendría que entrar la sociedad civil a salvarse a sí sola. El resto es historia: la oposición lograría triunfos fundamentales y las instituciones públicas adquirirían mayor independencia y relevancia en el panorama político del país. Victorias no del gobierno sino de la sociedad civil que paulatinamente demandó estos cambios. A 50 años de Tlatelolco es fundamental darnos cuenta de lo que ha cambiado y de lo que no ha cambiado. México ya no es el de 1968 pero sí sigue siendo el México de la corrupción, desigualdad y violencia. Por eso y mucho más la lucha de los estudiantes de aquel 2 de octubre sigue más vigente que nunca. #2deOctubreNoSeOlvida *El autor es abogado egresado de la Universidad Panamericana.

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