Columnas Entre rotos y descocidos

Postigo

Por Antonio Medina de Anda

La más reciente andanada para desacreditar a López Obrador provino al instante de manifestar, en su carácter de Presidente electo, que su administración “recibirá un país en bancarrota” lo que al momento desató las amarras de los amaestrados escribanos, comentaristas y analistas de suyo consentidos por los aparatos de comunicación mercaderes, los que en sincronía, como en cada oportunidad, con suma prontitud acomodaron cámaras y micrófonos para que relevantes e intocables voceros empresariales afirmaran, previo a palparse su robusta billetera, que lo expresado por Andrés Manuel es inexacto porque la economía –no precisaron si la del país, la superconcentrada por ellos o las menudencias dispersadas entre las mayorías– se encuentra en vigorosa prosperidad. Una vez profetizado el supuesto económico como algo satisfactorio basado en fuentes estimadas por el gran capital usurero; los horóscopos del desastre pronostican que AMLO habla de bancarrota porque se está “poniendo el huarache antes de espinarse” por no poder, ni querer, cumplir lo prometido durante la campaña electoral “olvidando”, los pitonisos de la comunicación, el positivo respaldo que el Presidente electo vía el poder Legislativo ha realizado como parte de lo que prioritaria, gradual y estratégicamente habrá de integrarse en respaldo, vitalidad y defensa de la Cuarta Republica que, sus cuestionadores entre obcecados y entorpecidos, son incapaces de entender gracias a sus fobias o consignas recibidas. Y aunque resulta incuestionable lo de “país en bancarrota”, dicha verdad de Perogrullo señala a la mafia del poder como la responsable que nos llevó de la quiebra a la ruina y, que una vez más, quiere engatusar con espejitos de plástico, moneditas de corcholata, o bisutería barata al tratar de falsear la inestabilidad, a más de económica, moral, política, partidista, familiar, ambiental, de inseguridad y un largo etcétera, detonador de la fragilidad que se vive a causa, entre otras penurias, de la pobreza y desigualdad social masiva que, insistimos, una pizca de entreguistas de la patria presumen que las cenizas por ellos observadas son exquisito y abundante edén. De manera que encarrilados por el diagnostico económico expuesto por los dueños de la nación; la nube de voces y plumas precipitan la lluvia con dimes y diretes de signos ambiguos y costumbres chayoteras sobre el Presidente electo mientras, atareado y legitimado, el tabasqueño recorre por enésima vez nuestra geografía acompañado por centenares de miles dispuestos a consolidar el gobierno que se merecen aquí y ahora. O ¿puede haber bonanza con la insultante concentración de la riqueza en unos cuantos? ¿La impagable deuda exterior e interior indica prosperidad? ¿Depender científica y tecnológicamente del extranjero es subordinación? ¿Y el poder financiero congregado en matrices foráneas? ¿Y el sometimiento de la industria estratégica al capital trasnacional? ¿Y la fuga de capitales? ¿Y el abandono del campo para lucro de agroproductoras de comida chatarra? Los insultos contra el pueblo y al país son desmedidos, por eso, en igual proporción, los archiconocidos saqueadores debieran guardar un mínimo pudor. ¿Será mucho pedir…? * El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

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