Columnas Errores que agravian

Postigo

Por Antonio Medina de Anda

Sobre el resultado electoral del primero de julio se han manifestado, y seguirán formulándose, diferentes lecturas que tocan no solo las causas de lo acontecido sino, igualmente, proyectarán lo que a su entender sucederá en el mediano y largo plazo porque, el enlace del hoy con el mañana, como toda probabilidad, dependerá del dicho al hecho que es el momento de su, o no, materialización, de modo que la perspectiva económica, política y social trazada por el nuevo gobierno, legisladores, mandatarios locales y munícipes electos en los pasados comicios, aprobarán el detector de mentiras en razón del verdadero o falso cambio proclamado. Cierto, y de acuerdo a la regla institucional, el nuevo Presidente de la Republica no formalizará su envestidura sino hasta el próximo mes de diciembre, lo que no ha limitado, en este caso a Andrés Manuel López Obrador, para refrendar previos compromisos contraídos o precisar definiciones coyunturales del tamaño del TLC, aeropuerto capitalino, seguridad, etcétera, donde ciertos imprevistos han agitado a justificadores y críticos por decisiones ya sea tomadas por Andrés Manuel, legisladores o dirigentes de Morena en consonancia, por ejemplo, a la pedida y concedida licencia al “Verde” gobernador-senador-gobernador-senador de Chiapas pues mientras unos lo interpretan de sumo ultraje otros lo estiman intrascendente. En política, empero, todo acto acertado conduce, necesariamente, a un seguro éxito no solo en dirección de lo previsto sino que de manera excepcional, suele abrir un abanico de mejores condiciones liberadas del objetivo logrado. En tanto, por contraste, bastaría un error político para sin ninguna traba se dispare una suma de reveses, descréditos y hasta periodo de crisis: Salvador Allende dejando a las fuerzas armadas en manos de Pinochet; Nixon por espiar al Partido Demócrata; Lázaro Cárdenas al confiar en el reaccionario Ávila Camacho y no en Mújica; o el sepulcro del Che Guevara exportando la revolución cubana serían, en cualquier caso, una parte diminuta del yerro político. Y aunque otros ejemplos han sido históricamente más dramáticos, en menor proporción el caso del frívolo chiapaneco Manuel Velasco, da pie para subrayar que dentro de la totalidad del hartazgo ciudadano en mucho este fue alentado, agudizado por la descomposición ética de los partidos políticos siendo, de manera súperabundante, el repudio en contra del autonombrado Verde Ecologista de pasado, presente y profetizado futuro inmoral a quien intentando explicar, sin explicar, el Senado otorgó salvoconducto de chapulín al señor Velasco para que feliz y contento salte a diestra y siniestra. La especie de aquelarre (reunión de brujas) sobre el desliz de la susodicha licencia ha provocado una cacería hacia las conductoras de escoba, sin embargo, tal apreciación es objetiva por inscribirse, precisamente, en entendimientos que tanto humillan el quehacer político ¿y la dignificación del Poder Legislativo? ¿Y los compromisos pactados en lo oscurito? ¿Y las tinieblas que no acaban de morir para que surja la luz? En política el error empequeñece, corregirlo engrandece… * El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

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