Columnas Mismos jinetes, igual caballería

Postigo

Por Antonio Medina de Anda

En agradecimiento por traicionar a los campesinos zapatistas, sus hermanos de clase agrupados en la Casa del Obrero Mundial fueron premiados, una vez aniquilada la rebelión agrarista, por los obregonistas, quienes entre otras propinas acreditaron liderazgos, registros sindicales o puestos en el gobierno resaltando Luis Napoleón Morones (el dirigente mejor vendido de la época) que llegó a desempeñarse como secretario del gabinete. Como buenos hijos de tigre, las agrupaciones y líderes de la ciudad y el campo al llevar las manchas de sus progenitores, de inmediato pusieron en práctica las villanías heredadas para someter, manipular y medrar de los trabajadores en provecho de los patrones y utilidad electoral de los políticos “revolucionarios”, sosteniendo tales prácticas hasta el sexenio del general Lázaro Cárdenas ya que, fruto de la culminante corrupción, los gremios estratégicos influidos por la izquierda (petroleros, mineros, electricistas, ferrocarrileros y otros) terminaron con el predominio sindical sumiso. Desafortunadamente aquel periodo de anticipo libertario y para sí de los obreros finalizó a consecuencia de la llamada “unidad a toda costa” resuelta, de manera cupular, por los comisarios de la Tercera Internacional guiada por el Partido Comunista Soviético, los que durante la Segunda Guerra Mundial forzaron a ceder y pactar con gobiernos de todo signo ideológico, un frente contra el eje nazi-fascista configurándose, por dicha vía, el histórico infortunio de poner en manos servil-oportunistas el destino de los jornaleros mexicanos: origen de los Fidel Velázquez y capataces priistas de todo tipo. Oscuro y prolongado viacrucis surcado durante más de 70 años por parte de los obligados a vender su fuerza de trabajo, que no es poca cosa considerando, amén de los desnutridos salarios recibidos, el inflexible dominio mafioso-lideril ejercido sobre cualquier demanda, inconformidad y reclamo atentatorio a la “disciplina estatutaria y buen nombre del sindicato” que, justamente valorado, se resume en mansedumbre, despolitización y profunda parálisis que son veta inagotable de la explotación empresarial y rapiña de los dirigentes: una monumental opresión que llevó a José Revueltas a escribir (1962) su trascendental ensayo titulado “Un proletariado sin cabeza”, donde dicho cráneo decapitado particularmente acentúo la carencia de un auténtico partido obrero de izquierda. Fatal condena laboral, política y económica que desde 1940 se convirtió en grillete sobre los obligados a estar al servicio del capital y hallarse forzados a pagarle, de paso, un tributo de sometimiento a favor de las aristócratas pandillas que los “representan” ante las leyes, tribunales, contratos de empresa y abogados patronales los que sin mayor rubor unidos deliberan, dictaminan y condenan a los vulnerables e indefensos peones. La complicidad del PRI-gobierno con Elba Esther Gordillo cruda y llanamente responde a lo mismo: proteger y amparar al círculo lideril que tanto le ha servido al sistema a la par de servirse (los dirigentes) de un poder que les brinda riqueza, inmunidad y suculentos espacios públicos o gubernamentales desde donde tejen y edifican el control de la clase trabajadora. ¿Seguiremos contemplando la misma cabalgata…? * El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

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