Columnas Maestras e historia de la educación

Pareceres

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primera parte Semanas antes del arribo a la presidencia de la República mexicana del general Lázaro Cárdenas (1934-1940) se reformó el Artículo Tercero de la Constitución para implantar la educación socialista. Este hecho generó un gran debate que remeció al Estado porque consideraba que el proyecto educativo atentaba contra los principios religiosos de los mexicanos, y supuestamente pretendía instaurar el socialismo en el país. Aun cuando este precepto estaba muy lejos de convertirse en realidad debido a las características políticas, económicas y sociales de ese momento, sí despertó temor entre los grupos que se sentían afectados. Una de las medidas de la educación socialista fue la implantación de la coeducación, es decir, escuelas donde niños y niñas compartían los mismos espacios. La coeducación era una de las medidas que ya el secretario Narciso Bassols había impulsado en 1930, junto con el laicismo y la educación sexual. Tema éste le costó a Bassols la renuncia a la SEP dada la movilización de la conservadora Unión Nacional de Padres de Familia, cuyos dirigentes estaban estrechamente vinculados a la jerarquía de la Iglesia católica. Durante el cardenismo la SEP contrató a miles de mujeres como profesoras para sus campañas de alfabetización y antialcoholismo. Las mujeres fueron consideradas el puente entre el régimen, las comunidades y los hogares. El impacto sobre el nuevo papel social de las mujeres fue distinto regionalmente, ya fuera por el grado de conservadurismo religioso o el de desarrollo capitalista y liberal que prevalecía en esa época en las distintas regiones del país. Investigadoras como Victoria Lerner y Mary Kay Vaughan han señalado que la educación socialista era un instrumento para modernizar a México, para deshacerse de las taras de una sociedad tradicional y arcaica; erradicar la insalubridad mediante la introducción del agua potable; promover la higiene, la economía doméstica y la medicina. En 1934 la mortalidad infantil ascendía a un 50 por ciento de los nacimientos. Otras metas, no logradas del todo en ese momento, para alcanzar la modernización eran: incorporar a las mujeres a la política mediante el voto, a la educación introduciendo la coeducación; a la economía, ofreciéndoles trabajos remunerados; e inculcarles preocupaciones por los aspectos prácticos de la vida, antes que por cuestiones de índole religioso. A través de la revista “El Maestro Rural”, la SEP promovía los nexos entre las maestras y las esposas de los campesinos independientes de los maridos, a fin de fomentar condiciones de reproducción más sanas. Mujeres profesionales y técnicas de la SEP planearon políticas de reforma reproductiva basadas en la más adelantada “ciencia doméstica”. Había que combatir los matrimonios de niñas que apenas llegaban a la pubertad. Todos los matrimonios debían celebrarse ante el Registro Civil. La madre campesina aprendería maneras más nutritivas de alimentar a su familia; adoptaría las medicinas y vacunas modernas y rechazaría a las curanderas, la hechicería y las yerbas; bañaría regularmente a los hijos y lavaría sus ropas, entre otros aspectos de mejorar en la calidad de vida cotidiana, como la instalación de molinos de nixtamal mecánicos, máquinas de coser y fuentes de agua cercanas a sus casa. Continuaremos. Correo: r_marinez@yahoo.com La autora es Doctora en Ciencias, con especialidad en Investigaciones Educativas, por el Cinvestav-IPN.

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