Columnas Principio de inocencia

Necropsia urbana

Por Marco Antonio Hermosillo

Recientemente escuché en una reunión fraternal una pequeña ponencia de mi buen amigo, el Mtro. Arturo Garduño Acevedo, en que planteaba de forma sencilla una comparativa de historia contra Nuevo Sistema de Justicia Penal en México, esta analogía me pareció muy interesante y hoy la pongo a su consideración amigo lector. En la parte histórica refirió que Numa Pompilio fue segundo Rey de Roma, gobernó desde el año 38 de Roma hasta el 82 (716-674 a. C.), es decir, durante 42 años. Explica que cuando Rómulo, primer gobernante de Roma, murió, los senadores y el pueblo no sabían a quién poner en su lugar, escogieron a un hombre que todos amaban, porque era bueno, justo, honrado y benéfico; le llamaban Numa Pompilio, tenía 40 años de edad. Numa era muy piadoso, como lo hizo conocer a los embajadores romanos cuando rehusó la corona diciéndoles que temía y honraba a los dioses, porque en aquel tiempo se creía que había muchos dioses. Numa pensaba que “los jueces” debían tener ciertas virtudes y principios, la tradición refiere que decía: “… todo el que quisiere estar sobre el nivel ordinario de los hombres debe despojarse de todo prejuicio, de vanidad y obstinación, y regirse únicamente por los mandatos de la justicia. Absolved al criminal en caso de duda y considerad como prueba sólida toda presunción de inocencia". Esos principios se mantienen hasta nuestros días y han cobrado relevancia por la entrada en vigor del sistema penal adversarial. Su mandato de “absolved al criminal en caso de duda” se conoce como in dubio pro reo, es decir, en caso de duda debe absolverse al imputado. Por otra parte, su mandato de “considerad como prueba sólida toda presunción de inocencia”. En contraparte o contemporáneo está el Nuevo Sistema de Justicia Penal en México, donde en la actualidad lo encontramos plasmado en el actual artículo 20 apartado B de los derechos de toda persona imputada. “I. A que se presuma su inocencia mientras no se declare su responsabilidad mediante sentencia emitida por el juez de la causa”. Y finalmente en relación con los atributos que todo juzgador debe poseer, Numa nos dice: “…todo el que quisiere estar sobre el nivel ordinario de los hombres debe despojarse de todo prejuicio, de vanidad y obstinación, y regirse únicamente por los mandatos de la justicia…” El artículo 100, párrafo VII, de nuestra Carta Magna en relación a los jueces demanda: “… la carrera judicial… se regirá por los principios de: excelencia, objetividad, imparcialidad, profesionalismo e independencia”. Destacando que el principio de excelencia demanda, además, poseer las siguientes virtudes: humanismo, justicia, prudencia, responsabilidad, fortaleza, patriotismo, compromiso social, lealtad, orden, respeto, decoro, laboriosidad, perseverancia, humildad, sencillez, sobriedad y honestidad, conforme lo dispone el código de ética del poder judicial de la Federación. ¿Numa Pompilio se adelantó a su época, o estamos volviendo derecho vigente, el que rigió en el pasado? Lo cierto es que, como dijo el Rey Salomón, “no hay nada nuevo bajo el Sol”. * El autor es presidente de la Comisión de Difusión del Instituto de Investigación Jurídica de la Universidad de la Californias Internacional.

Comentarios