Columnas Sin memoria

Necropsia urbana

Conversando con el Dr. en Derecho Benigno Licea González, me platicaba que hace días estaba él impartiendo clases en una universidad local la materia que se titula goyescamente Instituciones del Derecho Procesal Constitucional, que no es otra cosa sino el Amparo; nos estábamos refiriendo a ciertos antecedentes de la Ley de Amparo, las reformas que se han suscitado, el respeto a los derechos fundamentales, es decir, a los derechos humanos, dijo el Dr. Licea González, y de ahí abordo como ejemplo el movimiento estudiantil registrado en la Ciudad de México en 1968 y les pregunto (a los alumnos) sobre qué pensaban ideológicamente de esta actividad estudiantil y sobre el quebrantamiento de los derechos de los estudiantes en el lamentable mes de octubre de 1968, pero nadie, absolutamente nadie tenía conocimiento de este infausto acontecimiento, solo que habían muerto muchos estudiantes, no sabían el motivo de su lucha, de su inconformidad social e ideológica, en suma, un absoluto desconocimiento de uno de los hechos más vergonzosos en la historia del México moderno. Resulta claro que los jóvenes de hoy no tienen el hábito de la lectura, tampoco es parte de su interés el tema de las luchas sociales e ideológicas, aunque sean de su propio país, eso sí tampoco son afectos a las lecturas jurídicas referentes a su carrera: la abogacía. Hoy si se les pide un trabajo de investigación, simplemente acceden a su laptop o computadora, escriben el nombre del tema y ya está la información; nadie lee, nadie abre un libro, no hay bibliografías en los trabajos, las citas a pie de página resultan inexistentes porque nada se lee, en opinión del Dr. Licea, viven en la incultura. Para muchos de estos jóvenes universitarios la matanza de Tlatelolco y la fecha en que ocurrió no les dicen nada, finalmente todo es cuestión de conocimiento y memoria. No existe aquello que unos llaman “memoria colectiva”. Quizá es una ficción. A lo mejor algunas efemérides, nombres de personajes aparentemente relevantes o quizá cierta tontería mayúscula que son recordados en nuestro tiempo a través de las redes sociales, en un mundo de consumismo y de irreflexión, hasta ahí. Se dice que la memoria siempre es individual. Hay tantas memorias como tantos individuos. No hay vida sin memoria. Somos nuestra memoria. Ella nos modela, nos hace ser quienes somos. Por ello, además de los atributos físicos, es que nos hace a cada uno de nosotros únicos e irrepetibles. Existimos con nuestra memoria a cuestas, y ella y nosotros somos lo mismo. Inseparables, hasta que nos llegue el momento de la demencia senil o el Alzhéimer. La propia experiencia en el sentido más amplio construye nuestra memoria; lo que vivimos, lo que hemos oído, visto, leído, gozado y lo que hemos sufrido, forman parte de nuestra memoria. La memoria es decreciente ni duda cabe, evanescente, y además la memoria es selectiva. Yo creo que debemos de recordar colectivamente eventos sociales importantes, ya que estos generan una memoria social; el no recordar nuestros eventos nos quita identidad, caemos en desinterés y frecuentemente en las mismas equivocaciones como nación. * El autor es presidente de la Comisión de Difusión del Instituto de Investigación Jurídica de la Universidad de la Californias Internacional.

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