Columnas Mirador

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La rosa no es la rosa, no es la rosa. La rosa es ella misma, libre de todas las literaturas, virgen de todas las retóricas. A ella no llegan las palabras, sean sustanciosos sustantivos o prescindibles adjetivos. La rosa es la belleza, y la belleza no se puede decir. Es como el amor, que se debe callar para decirlo. Esta rosa que mi mujer puso en un búcaro sobre mi mesa de trabajo ha embellecido la habitación y ha embellecido el día. No puedo explicarme como hice antes para estar sin ella. Esta rosa es color de rosa, pero como es La Rosa es también roja, y blanca, y amarilla. Tiene todo los colores de todas las rosas, y tiene también todos todos sus perfumes. En su cáliz están todas las eucaristías. En uno solo de sus pétalos cabe el mundo. En los demás caben todos los mundos. Miro esta rosa y en ella veo a mi mujer. Veo a mi mujer y en ella veo esta rosa. A quien corresponda: gracias por la rosa y la mujer. ¡Hasta mañana!...

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