Columnas MIRADOR

Mirador

Por Armando Fuentes Aguirre

Candelario hizo el zarzo con varas que entretejió hábilmente. Luego lo colgó del alto techo con cuerdas de ixtle que él mismo torció el día anterior. El zarzo está sobre la mesa de la cocina. Subimos a una silla y ponemos en él la comida que el gato se podría comer: el tasajo; el chorizo; la olla de la leche. Al declinar la tarde abrimos las ventanas para que el aire de la noche ayude a conservar los alimentos. El zarzo es al mismo tiempo, entonces, despensa y refrigerador. Yo amo estas cosas sencillas: la mesa de pino; la silla de tule; el mantel de manta; la lámpara de petróleo que por la noche nos alumbra en esta casa que por estar alejada de las otras no tiene luz eléctrica. Yo amo la sencilla vida que se vive aquí, y siento que es la verdadera vida. Ahora estoy bebiendo mi té de yerbanís. Me sabe a flor del campo, a campo en flor. Es una pena que no tenga yo la humildad de estas humildes cosas. Si la tuviera las merecería. Merecería la mesa, la silla y el mantel, la lámpara y el zarzo. Merecería, sobre todo, mi té de yerbanís. ¡Hasta mañana!...

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