Columnas

Mirador

Por Armando Fuentes Aguirre

A los 50 años de edad Maciano se convirtió a la fe después de oír una predicación de San Francisco. Era el año de 1225. Surgió una grave disensión entre el podestá y el obispo, y Maciano fue llamado para conciliarlos. Nada pudieron sus argumentos; los dos pugnaces hombres iban lanzar uno contra otro sus ejércitos. Cuando ya iban a entrar en combate Maciano les pidió que esperaran, y empezó a recitar el Cántico del Sol que el santo de Asís había compuesto: "... Loado seas, Señor, por todas las criaturas, especialmente por el hermano Sol, que nos da el día y nos alumbra... Loado seas por la hermana Tierra, nuestra madre, que nos lleva sobre sí y nos alimenta... Loado por aquellos que perdonan y perseveran en la paz...". Llorando, los irreconciliables enemigos se abrazaron. Y dijo entonces Maciano dando gracias a Dios: –La poesía es también una oración. ¡Hasta mañana!...

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