Columnas MIRADOR

Mirador

Por Armando Fuentes Aguirre

Terry, amado perro mío que conmigo no estás ya: si algunas noches me sueñas como te sueño yo, suéñame piadosamente. No tomes en cuenta mis defectos, mis culpas y mis fallas. Piensa que después de todo soy sólo un hombre. Ninguno hay en el mundo que sea mejor que su perro. Si yo fuera como tú eres, Terry, sería un ángel. No hablaría, es cierto, pero eso me haría ser mejor aún. No habría en mí rencor, envidia ni odio. Si alguna vez los viera les ladraría para ahuyentarlos como a lobos malos. Suéñame, Terry mío, con amor. Y si una noche sueñas que me he ido a donde tú estás, recomiéndame a la misericordia del Padre que nos ama a los dos con semejante amor: a ti porque eres perro; a mí a pesar de que soy hombre. ¡Hasta mañana!...

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