Columnas ¿Un gobierno de 2 o 5 años?

Mar de Fondo

Por Benedicto Ruíz Vargas

A nadie le gusta, por supuesto que no, que la próxima gubernatura, las alcaldía y las diputaciones en Baja California sean de 2 años y unos meses, tal y como fue aprobado desde 2014 por el Congreso local con el fin de empatar las elecciones para gobernador con las intermedias federales. Un periodo de gobierno tan breve, se dice, generaría muchos problemas como ya se ha visto en otras entidades que han seguido el mismo camino. En su lugar, varias voces proponen ampliar el plazo a 5 o 6 años. Es la postura, por ejemplo, de la presidenta nacional de Morena, Yeidkol Polevsky, quien en una reciente visita a Tijuana se pronunció a favor de derogar esta reforma para extender el plazo a 5 años. El problema con esta propuesta, que suena lógica y de sentido común, es que la única vía para empatar las elecciones locales con las federales en BC pasa, necesariamente, por acortar el periodo de gobierno por una sola vez. No existe otra forma, si es que se quiere lograr la concurrencia de elecciones. El periodo puede ser de 2 o 5 años, pero cualquiera que sea significa una interrupción del ciclo normal de seis años. La idea básica de esta propuesta consiste en afrontar el problema (de recortar el periodo) ahora, para evitarlo en el futuro, al lograrse el empate. El problema que el empate electoral busca resolver es el desgaste social y político que genera una gran cantidad de comicios, la desmotivación que produce entre los electores, y sobre todo el costo excesivo que conlleva la organización de las elecciones. De lo que se trata es de tener menos pero mejores elecciones, con más participación y empleando menos recursos. Si el periodo de 2 años se cambia ahora, ya sea por conveniencia política o por otras razones, el problema de la falta de empate electoral va a seguir subsistiendo o simplemente se va a posponer para otro tiempo. Sería como “patear el bote” nada más, heredando el problema a otro gobierno. Ahora bien, se habla de que un gobierno de 2 años no sirve para nada o de que resulta problemático como se ha visto en otras entidades. Pero esto no necesariamente es cierto. Un gobierno tan corto, o de transición como debe ser, puede servir para replantear varios proyectos, para establecer nuevas prioridades o para organizar mejor al gobierno, al tiempo que se toman medidas de impacto inmediato. Tampoco es cierto, como se dice por algunos, que un gobierno de 2 años interfiere con el periodo de AMLO, impidiendo que se reciban los posibles beneficios de su mandato en la entidad. Sin embargo, lo cierto es que si esos beneficios se dan como se espera, se darán al margen de si el periodo de gobierno es de 2 o 5 años en Baja California. Un gobierno de transición no tendría por qué ser un obstáculo. Lo que sí puede representar un problema para un partido como Morena en BC es que un periodo de 2 años lo obliga a ganar la gubernatura tanto en 2019 como en 2021, si quiere que el gobierno de la entidad coincida con el de López Obrador (2018-2024), lo que puede generarle un desgaste muy rápido y cambiar la dinámica política local. Por ello, quizás, le resulta más atractiva el periodo de 5 años. Sin embargo, y a pesar de todo esto, cambiar a estas alturas del proceso electoral el periodo de gobierno acarrearía una gran confusión entre los electores, se enviaría una mala señal por parte de Morena (justamente porque a ese partido le conviene más), e implicaría convencer tanto al PAN como al PRI para que votaran a favor de un nuevo plazo. Dadas las condiciones tan endebles en que están estos últimos partidos, con reducidas posibilidades de competir en las elecciones que ya están encima, no es descartable que también prefieran ampliar el periodo a 5 años, incluso para evitar someterse a un proceso del que pueden salir en peores condiciones. La mejor opción, como se desprende de todo lo dicho aquí, es respetar el plazo de 2 años y meses, pasar ese trago amargo ahora y avanzar en el empate electoral que puede redundar en otros beneficios para la entidad. Ahora, si hay personajes o políticos para los que el plazo de dos años no les conviene o no los motiva a participar, o dos años les resulta irrisorio para sus grandes ambiciones y no pueden esperar, pues entonces habría que hacer una consulta pública para preguntarle a la sociedad, o abrir claramente el debate que hoy transcurre tras bambalinas. Es decir, que decida la sociedad y no la clase política. El autor es analista político

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