Columnas Los opositores al gobierno de AMLO

Mar de Fondo

Por Benedicto Ruíz Vargas

Según una encuesta reciente de Consulta Mitofsky, el triunfo de Andrés Manuel López Obrador ha generado sentimientos de alegría en un alto porcentaje de mexicanos, también de felicidad, satisfacción y confianza. Sin embargo, hay también un porcentaje más pequeño de ciudadanos a los que les genera tristeza, enojo, miedo y decepción, como ya se esperaba. Este malestar difuso y con orígenes diversos se aprecia en algunos medios de comunicación, en conductores de programas de televisión, en columnistas y, por supuesto, en las redes sociales. El triunfo de AMLO ha sido para estos segmentos sociales un trago amargo que todavía no logra digerirse, y que seguramente no se va poder asimilar durante mucho tiempo. No puede hablarse todavía de una corriente de oposición organizada y coincidente en sus líneas centrales, como la que podría venir del PRI o del PAN, que quedaron prácticamente desmembrados y casi fuera del poder legislativo, sino más bien de voces que hablan desde el profundo odio que le tienen a AMLO, o de posiciones clasistas para las que les resulta inverosímil que una persona como López Obrador pueda gobernar, o incluso de individuos que alucinan a la izquierda, al socialismo y todos los ismos. A pesar de tener raíces y orientaciones políticas diversas, casi todas estas voces coinciden y desean que el gobierno de AMLO fracase, ya sea por su manifiesta incapacidad o porque no va a poder cumplir todas las expectativas y las promesas que hizo. El deseo de fracaso aquí es como una forma de comprobar la hipótesis o la certeza de que la oposición y rechazo de AMLO durante la campaña, tenía una alta dosis de razón. Esta postura o línea argumentativa, por decirlo así, es lo que hemos observado en estos casi treinta días que han transcurrido desde la elección, una especie de histeria opositora que busca confirmar en cada detalle, en cada palabra, en el más mínimo error, en cada gesto de AMLO, en lo del Fideicomiso, en aquel nombramiento, en sus primeros anuncios, etcétera, el rotundo fracaso de su presidencia o el cataclismo que viene para el país. En el fondo, muchas de estas posturas claramente ideológicas y políticas temen, primero, el enorme poder con el que llega AMLO a la presidencia y, segundo, los cambios que pueden derivarse de ese poder, afectando muchas esferas caracterizadas por sus privilegios o por su estatus social y político. Hay temor a que cambien las relaciones políticas, a que lleguen otros perfiles individuales a gobernar, a que no sea el dinero o el poder económico el que rija la orientación de las políticas del gobierno, como en realidad ha sido hasta ahora con el PRI y el PAN. A pesar de que muchas de estas voces tienen el claro objetivo de dañar o socavar la imagen del gobierno de AMLO y que lo condenan desde antes que dé inicio, deben ser respetadas y tomadas en cuenta. AMLO ahora está al otro lado de la trinchera y como él lo fue durante muchos años, la oposición tiene derecho a existir, por más que se discrepe con sus puntos de vista. El reto es para ambas partes: para el gobierno respetar y escuchar la crítica y, para ésta última, aprender a diferenciar entre la crítica a las políticas y orientaciones del gobierno del ataque y la militancia sistemática contra el mismo. En México no existe esta cultura política. Hacer crítica y estar en contra de algo son cosas distintas. La oposición en México (de izquierda y de derecha) no critica, despotrica, lanza diatribas, recurre al sarcasmo y a la burla, agrede e insulta a sus adversarios buscando crear confusión. Entender esto es fundamental, no sólo por la magnitud del cambio que se avecina y cuyo alcance todavía es inimaginable, sino también porque –a pesar de todo lo que se dice- con AMLO no todo está definido o predeterminado en cuanto a su gobierno. Así como se avizoran riesgos en algunas esferas, así también se están abriendo y dibujando, desde ya, muchas oportunidades y cambios inéditos para México. Es mejor vivir este proceso sin prejuicios, sin ataduras del pasado o en la agonía de lo que pudo haber sido y no fue, bajo el temor a lo desconocido, corriendo el riesgo de que el país cambie o adquiera otro rumbo sin la participación de nosotros, ahogándonos en nuestra resistencia individual. El voto aplastante por AMLO para ganar la presidencia del país, como no se había visto en muchísimo tiempo, expresa una inmensa necesidad y expectativa para cambiar la situación de la nación, para hacer de otra manera las cosas desde el gobierno y, ¡ojo para los que hoy se oponen, pero incluso para los de Morena!, para quitar el poder político a los que siempre lo habían detentado. Es esto lo que está en juego… que no es cualquier cosa. El autor es analista político

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