Columnas ¿Perdedores al estilo AMLO?

Juegos de poder

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Una de las cosas que nos ha enseñado López Obrador en estos últimos doce años es que conviene ser un mal perdedor. No aceptar los resultados de la elección. Argumentar, sin pruebas, que hubo fraude. Movilizar a la base social más leal para protestar. Presionar para cambiar las reglas electorales hacia un modelo más favorable para la siguiente contienda. Así lo hizo en 2006 cuando perdió por un escaso margen de 0.56%. Así lo repitió en 2012 cuando cayó por un amplio margen de más de seis puntos porcentuales. Nunca, en su vida, AMLO ha aceptado una derrota. Nunca le ha levantado el brazo al triunfador. Nunca se ha hecho responsable del fracaso. Nunca ha admitido errores. Siempre ha sido un jugador semi-leal con las instituciones democráticas. Si vence, como lo hizo en 2000 en la Ciudad de México, admite que éstas funcionan. Si pierde, como lo ha hecho tantas veces, arguye que las instituciones están al servicio de la “mafia del poder”. A lo largo de su historia política, ha sido un mal perdedor. Ese personaje está a punto de convertirse en el próximo Presidente de la República. ¿Cuál es la lección para los perdedores de la elección del domingo que viene? ¿Cuál es la pedagogía del lopezobradorismo sobre la derrota en una democracia? Si quieres sobrevivir en la política nacional, volver a competir en seis años y tener oportunidad de ganar, no admitas que perdiste, radicalízate, moviliza a tus huestes más leales, denuesta a las instituciones imperantes, presiona todo lo que puedas, cambia las reglas del juego a tu favor, no te rindas nunca. Si el domingo, Andrés Manuel vuelve a perder, no tengamos duda alguna que hará lo mismo. Por definición tendremos a un perdedor lopezobradorista, es decir, al mismísimo López Obrador en persona. Quizá, en esta ocasión, más radicalizado y vociferante que en 2006 porque él, los militantes de Morena, los de sus partidos satélites y sus votantes más fervientes están más seguros que van a ganar porque así lo demuestran todas las encuestas. Efectivamente, las probabilidades de que pierdan son muy bajas. Yo no me cansaré de repetir, y lo hago de nuevo, que una probabilidad baja no es una probabilidad nula. Todavía puede perder. Si así sucede, otra vez veremos al mal perdedor en persona. ¿Y si gana, como apuntan las encuestas, qué van a hacer Meade y Anaya? ¿Seguirán el ejemplo de Labastida y Cárdenas en 2000, Madrazo en 2006 y Josefina en 2012 o el de AMLO en 2006 y 2012? Veamos dónde están los unos y el otro. Labastida, luego del grandísimo gesto de levantarle la mano a Fox como un demócrata, pasó al olvido. Seis años después se convertiría en senador por Sinaloa. Cárdenas, después del 2000, fue desplazado por AMLO como líder de la izquierda nacionalista. De Madrazo ya nadie se acuerda. Josefina, seis años posterior a su derrota y luego de perder la gubernatura del Estado de México, se convertirá en senadora por la vía plurinominal este año. AMLO, en cambio, será Presidente. Los incentivos están muy claros. Paga más ser un mal perdedor al estilo de AMLO. Siempre se podrá argumentar, desde luego, que ni Meade ni Anaya son iguales que López Obrador. Que no tienen la misma eficacia para mentir con toda desfachatez inventándose la historia del fraude electoral –que muchísimos se creyeron– ni la base social dispuesta a seguirlos a aventuras tan arriesgadas como la toma de la Avenida Reforma en la CdMx y la promesa que Calderón no tomaría posesión como Presidente. A Meade, sobre todo si queda en un lejano tercer lugar, no me lo imagino en una faena como ésa. Lo veo, más bien, saliéndose del juego político para regresar a la comodidad de un buen trabajo técnico en el sector privado nacional o en una agencia internacional. Me cuesta mucho trabajo visualizarlo como un mal perdedor al estilo de AMLO. Veo más a Anaya. Tiene la ambición y destreza para hacerlo. Sin embargo, sus adversarios dentro del PAN, en particular los calderonistas, van a “comérselo vivo”, sobre todo si pierde por un amplio margen. Lo cual me lleva al último punto de esta discusión. López Obrador se pudo dar el lujo de ser un mal perdedor porque no había nadie dentro de su coalición política que lo desafiara en la derrota. Él siempre se ha encargado, con éxito, de defenestrar cualquier liderazgo que le pudiera hacer sombra. Su movimiento político es él y él es su movimiento político. No hay liderazgos con capacidad de desbancarlo. No es el caso ni de Meade ni de Anaya. Por eso, el único mal perdedor al estilo de AMLO sólo puede ser…AMLO. *- El autor es analista político/profesor investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) Jaque Mate

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