Columnas Puro cascarón, apá

El mundo me da vueltas

Por Pepe Avelar

Hay un axioma que viene al cuento: “tus acciones construyen tu credibilidad o la destruyen”. Sin duda, eso le pasa a la “clase política” en general y nunca mejor aplicada al actual Presidente Municipal de Tijuana. Es impresionante que en 20 meses al frente de la administración no haya podido generar una narrativa medianamente a su favor. El resultado de la reciente encuesta de Plural.mx donde coloca su nivel de aceptación entre la población en 4% y un rechazo de mas del 85% a su postulación por la reelección, nos habla del pésimo manejo de su imagen, sus acciones y sus fallidas “estrategias” (de alguna manera debo llamarlas) de comunicación y relaciones públicas. Políticos con menos trabajo y también con pocos resultados como él, han manejado mucho mejor estas áreas de la administración, pero el problema, por supuesto, no es uno de percepción. A más de la mitad de su periodo de gobierno no hay un solo tema en que le podamos ponerle una “palomita” o una “estrellita”, sino todo lo contrario, encontramos decenas de malos ejemplos de lo que no se debe hacer en la gestión pública. Lo obvio es su aparente obsesión por hacer negocios de todo, pero lo verdaderamente preocupante es el deterioro de temas de capital importancia para una ciudad: la seguridad de sus habitantes, el mantenimiento y mejora de los servicios públicos, el orden y la legalidad con que convivimos todos los días. En ninguno de estos tres temas hay aciertos y sí, por el contrario, errores que se acumulan y se hacen más evidentes. Tenemos, sin duda alguna, al peor alcalde que ha tenido Tijuana en décadas. Muchas décadas. Por eso creo que ya todos estamos pensando en la hora que se vaya. Como sea, por renuncia, por una copiosa votación en su contra o por terminación del periodo oficial, pero que se vaya. El electorado mandó un poderoso mensaje hace unas semanas y en el Ayuntamiento nadie lo está escuchando o cuando menos, que es peor, parece que nadie lo está escuchando. Actuando como si nada hubiera pasado, veo a regidores del PAN, funcionarios de gobierno y a las autoridades del partido que representan, volteando hacia otro lado e “intensificando” su presencia en medios, pero sin lo que en el argot periodístico se conoce como “carnita”. Parafraseando lo que dijo Pedro Infante a Fernando Soler en una película de los 50: “Usted ya es puro cascarón, apá”. Lo he afirmado en otros momentos: no necesitamos a un Presidente y un Cabildo para encender el alumbrado, recoger la basura y hacer funcionar los semáforos. De un chisme a otro, de un error al siguiente, de un problema menor a un problemón, así se la pasa el Presidente Municipal y su equipo sin enfrentar de frente los temas que realmente nos preocupan a los ciudadanos. No sé si es dejadez, una profunda sordera o simplemente arrogancia, pero no veo a nadie haciendo algo por salir del hoyo. Ni siquiera es difícil. Un tema, uno, que se aplicara a resolver en el resto de la administración y quizás hasta le retiramos el mote del “peor alcalde” que se ha ganado a pulso. Quedan 15 meses que pueden ser una luz en el camino o un tormento infinito que no veamos cuándo se acabe. Yo me confieso desesperado. De verdad, lo juro, lo prometo, nunca he deseado que le vaya mal a "El Patas". Al contrario, yo quiero un Presidente Municipal de Tijuana exitoso. Uno que nos dé resultados. Quizás me haya convertido en un pesimista, pero inevitablemente juzgo para mal casi cualquier decisión que se toma en la actualidad, pero es que las acciones que se realizan son superfluas, sin contenido, sin trascendencia, al aventón: No estamos siguiendo un rumbo con visión de mediano y largo plazo. ¿A quien escucha el Presidente Municipal? ¿De quien toma consejos? De superficialidades, que anuncian en boletines informativos todos los días, no se construye un Gobierno. Pobre de nuestra Tijuana. * El autor es empresario, turistólogo y un enamorado de su ciudad.

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