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Columnas Plan B

Dueñez empresaria

Por Carlos Dumois

A los empresarios siempre nos toca conciliar dos exigencias de nuestro rol: ser al mismo tiempo optimistas y realistas. Muchos empresarios nos han preguntado recientemente qué pueden hacer para prepararse en caso de que la economía mexicana se estanque o se deteriore bajo el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. La forma como el Presidente electo se ha expresado ha generado temores sobre el impacto que tendrán sus medidas económicas (o antieconómicas). No ha mostrado hasta ahora AMLO ni realismo ni sensatez en las propuestas que ha estado haciendo desde su campaña. Por ejemplo, poner a consulta ciudadana dónde debe hacerse el aeropuerto de la CDMX parece ser una acción de gobierno insensata e imprudente. Decir que no será custodiado por un equipo de seguridad bien preparado, y que “el pueblo lo va a cuidar”, muestra también falta de cordura y buen juicio. No sólo nos genera temor su populismo socialista; también nos asusta la forma como pretende hacer las cosas, sin pensar bien sus acciones y sin consultar a expertos para tomar decisiones. Los empresarios somos siempre optimistas. No nos gusta rendirnos ante la adversidad. No nos agachamos ante los enemigos. Si AMLO va a ser antagonista del quehacer empresarial y su gobierno creará un entorno adverso al crecimiento económico, aún está por verse. Por lo pronto los líderes de negocios tenemos que confiar que la situación marchará bien y que nuestras empresas seguirán prosperando. Nos toca seguir diseñando e implementando proyectos de crecimiento, institucionalización y fortalecimiento de nuestras organizaciones. Pero tampoco podemos sencillamente suponer que forzosamente continuaremos gozando de una economía floreciente y estable, propicia para los negocios. También es posible que el entorno se vuelva hostil hacia los empresarios, y que tengamos que prever qué medidas podremos tomar en ese caso. Ya me tocó vivir de cerca cómo se destruyó la economía y las empresas cubanas y venezolanas ante la gestión de otros líderes populistas que acabaron con sus países. Hoy Cuba y Venezuela se encuentran al margen de la modernidad económica, y sus pueblos viven en una situación de retraso y continuo empobrecimiento. Ante la posibilidad de que AMLO instaure en México un gobierno totalitario de izquierda, los empresarios necesitamos contar con un Plan B. Si en poco tiempo él decide controlar precios, salarios, tasas de interés o empiece a estatizar empresas o aumente la intervención del Estado en la economía, México empezará a perder competitividad y nuestras compañías dejarán de ser rentables y viables. En este caso tenemos la responsabilidad de prever qué haríamos para continuar con nuestra vocación de crear riqueza y con nuestro afán de procurar preservar nuestra libertad. El Plan B no es más que las estrategias que seguiríamos cuando veamos cerca la posibilidad de perder todo y de ser impedidos de mantener vivos y prósperos nuestros negocios. ¿Qué haríamos en ese caso? Pues obviamente buscaremos no depender únicamente del mercado nacional. Procuraremos exportar a otros países, iniciar negocios fuera de México o no tener deudas en moneda extranjera. Tampoco iniciaremos nuevos proyectos hasta volver a sentir certeza y estabilidad en el futuro económico, diversificaremos nuestros riesgos, minimizaremos la contratación de nuevo personal. La flexibilidad financiera nos demandará mantener al mínimo nuestros gastos fijos y cuidar con esmero nuestro flujo de efectivo. Esperemos que nuestro querido país y nuestras empresas sigan prosperando. Ojalá que nuestro nuevo Presidente logre impulsar nuestra economía y que nuestro pueblo mejore en términos de bienestar, libertad y justicia. Todos deseamos una revolución que genere una prosperidad compartida nunca antes vista en nuestra historia. Pero si esto no sucede, si lo que observamos es que AMLO se convierta en un tirano que destruya nuestra economía, nuestras esperanzas de progreso y nuestro optimismo hacia el futuro, pues nos tocará afinar nuestro Plan B y empezar a ponerlo en práctica. No tendremos otra alternativa. Y usted, amigo empresario, ¿ya tiene definido su Plan B? *El autor es presidente y socio fundador de Cedem.

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