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Columnas Rol de dueño y creación de valor

Dueñez empresaria

Por Carlos Dumois

No crearemos valor siendo sólo buenos emprendedores y administradores. Hace falta un efectivo manejo del rol de dueño. Hemos visto infinidad de negocios muy bien manejados que llegan a ser exitosos, incluso a tener temporadas de rentabilidad, pero sin lograr crear valor; no llegan a ser apreciados por los mercados de capitales ni pueden fácilmente encontrar socios o aliados de clase mundial. Entre los colegas de nuestra firma rápidamente detectamos cuando una compañía está siendo manejada para crear valor o tiene gran potencial para crearlo en corto tiempo. Son varios los factores que pueden incidir en ello; hay que identificarlos y tomarlos en cuenta en nuestra estrategia de creación de valor. Uno de los más importantes es el buen desempeño del rol de dueño. Los empresarios no suelen percatarse de lo que quiere decir jugar bien su rol de dueño. Nuestro resultado jamás se dará como lo esperamos si no mejoramos el manejo de ese rol. Conozco un empresario que tiene una clara conciencia de lo que debe rendir cada proceso de negocio, y actúa en consecuencia. En ningún momento descuida que cada operación sea altamente productiva. Quiero enfatizar tres importantes cualidades que el buen dueño requiere para asegurar que su compañía genere valor. Una de ellas tiene que ver con la visión económica de la empresa. Muchos empresarios acostumbran enfatizar otros aspectos del quehacer empresarial, como el servicio al cliente, la innovación de productos y servicios, el fortalecimiento competitivo de su oferta, el desarrollo de su organización, de la tecnología, de su gente o de sus sistemas. Pero no impregnan su gestión de una óptica económica con verdadero rigor. No saben decir que no cuando los recursos no ajustan; no le exigen un alto rendimiento a la operación; no le dan seguimiento a los aspectos financieros de los proyectos; se engolosinan con lo que les gusta y no cuidan el manejo de los centavos. Esos empresarios suelen crear grandes oportunidades y desarrollar hermosos proyectos, pero siempre postergan los resultados financieros, que son... para el siguiente período. No viven, económicamente hablando, en su aquí y ahora. Otra característica del empresario es su gestión humana. Saber atraer gente sobresaliente para los puestos clave, y no dejarse llevar por la mediocridad ni por la afectividad. Los empresarios paternalistas no caben hoy en el escenario competitivo. Las empresas en el mundo actual no pueden solventar un manejo paternalista de sus directivos. El empresario que no sabe pedir con energía que se opere con alto rendimiento económico atenta contra la permanencia de su propio negocio. Es difícil construir una empresa valiosa sin directivos del más alto calibre, sin un equipo que aterrice las ideas y las implemente con efectividad y sin dilación. Hay empresarios que no saben rodearse de los dirigentes que el tamaño de su oportunidad amerita, y sin ellos la creación de valor siempre quedará sólo en proyecto. Saber traer a los mejores ejecutivos tiene su gracia, pero hay que partir de una postura mental de alta exigencia. El último rasgo a enfatizar es el de saber hacer sociedades sanas y fructíferas, atrayendo y manteniendo a los socios adecuados para realizar el proyecto de empresa concebido. Todavía hay muchos buenos emprendedores que piensan estar mejor sin socios, y que no están dispuestos a compartir sus logros con otros. Esta mentalidad suele limitarlos en el complementar lo que les hace falta para dar el brinco, y se quedan compitiendo con los del barrio, cuando la visión podría dar para llegar a esferas globales. Aprender a ser socio implica no sólo atraer a buenos accionistas que traigan el requerido capital, sino también aplicarse a manejar la relación con los socios y aliados para crear las sinergias que con ellos puedan generarse. No crearemos valor siendo sólo buenos emprendedores y eficientes administradores. Hace falta mejorar en el efectivo manejo del rol de dueño. Si nos faltan las capacidades para hacerlo bien, tendremos que buscar cómo complementarnos. Si reconocemos a tiempo que necesitamos crecer en ese rol, ya vamos por buen camino. El autor es Presidente y Socio Fundador de Cedem.

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